20 oct 2009

Y la que es de San Salvador, vuelve...


¿Qué apunta uno cuando prueba un lapicero, compra pluma nueva o tiene que escribir cualquier cosa? Por que uno siempre escribe lo mismo. Pues “eso”, eso que uno escribe, puede ser en verdad revelador.
En mi caso, yo escribo siempre “San Salvador”. Lo hago desde que tengo diez años, quizá menos. El caso es que, por alguna razón, siempre me ha parecido que son las dos palabras que mejor representan mi escritura, es decir, mis trazos.
Puedo representar “San Salvador” en mi mente: con mi letra de molde, de carta, con letra redonda y puntiaguda, con letra de prisa y letra bien dibujada, pero nunca, hasta ahora, lo había pensado con detenimiento.
San Salvador —y hasta ahora lo noto— ha sido una ciudad que me ha marcado, y es obvio. Es la ciudad en la que nací y viví los primeros 28 años de mi vida, y a la que vuelvo siempre que deseo encontrarme (ergo: a veces no deseo hacerlo).
Hoy la vi bonita. Con un clima delicioso y con unas lluvias como hacía mucho no disfrutaba: con sapos y culebras. Las mañanas eran soleadas y las tardes nubladas. Vi pasar pericos gordos y verdecitos, gritando como descosidos sobre el jardín de la casa de mis papás. Vi además un atardecer en la Playa de la Libertad, que aunque no es San Salvador, está cerquita de ahí: a 35 minutos, con construcción de carretera nueva y todo.
Visité el Marte (Museo de arte moderno), en cuya boutique siempre encuentro libros preciosos, y cuya colección permanente revisito de cuando en cuando.
Me comí un ceviche providencial, con aceite de oliva y aceitunas en La "Hola Beto´s". Me tomé una Golden Light en La Ventana con “boquita” de salchicha alemana, que son mi delirio.
Comí pupusas de queso con loroco y curtido con chile, que qué les puedo decir.
Compré además jícamas tiernitas y jugosas, mangos verdes, nísperos, jocotes de corona, limas dulces y zapotes (sólo el mango twist con alguashte de la Cooperativa, me hizo falta.)
Tomé café cargado, con tortugas recién salidas del horno de la panadería Leche Pan, que está a la vuelta de la casa de mis papás.
Me saboreé deliciosísimas paletas de sombrilla, de zapote, de ensalada, de arrayán y de leche, que le compré a una señora en la esquina de la casa.
Me atorzoné de pizza hawaiana con cebolla morada y tocino de la Pizza Hut, misma que aquí en Guatemala, no sé porqué, no la preparan.
En fin, que como podrán ver, fue un fantástico viaje de comer como nunca y revisar una ciudad vigilada por un volcán que se derrite sobre ella, un cerro que la observa con su funicular paralizado y una playa que, por demás está decirlo, se ha embellecido como nunca creí que fuera posible.
Así es que es oficial: Mi San Salvador y yo hemos reiniciado el romance, aunque sea de lejos.

11 oct 2009

El insoportable peso del Nobel


Si algún Nobel habría pensado yo que debía comentar, era el de literatura para Herta Müller. Pero como me dijo CZ ayer, durante el desayuno, en un café de la ciudad de Guatemala: cuando me llamaron de un periódico para preguntarme qué opinaba sobre la ganadora del Nobel de literatura, les dije que me alegraba mucho que fuera mujer, pero nada más, porque de la doña yo no sabía nada.
Bueno, pues me uno al comentario.

Sobre el que sí creo poder comentar algo, es sobre el Nobel de la Paz otorgado a Barack Obama.

Obama (1961) es un hombre surgido del sueño americano. Un tipo que, de pertenecer a una minoría racial estadounidense (que no es lo mismo que económica o intelectual, porque basta recordar su educación en Columbia U. y Harvard), surge como posible candidato del Partido Demócrata, el cual se ha caracterizado por mostrar mucha más tolerancia al cambio o las nuevas tendencias que su contraparte, el Partido Republicano.

Medio blanco y medio afroamericano, supo vender durante toda la campaña su imagen como lo segundo, en un país donde basta una gota de sangre extranjera para ser suscrito a una raza distinta a la del gringo rubio y ojos azules.
Es un hombre joven, buen orador, obviamente fogueado en las artes de la retórica y está en fase de demostrar si realmente puede lograr lo prometido.
Entonces, ¿por qué darle el Nobel a él?

Obama llegó al poder del imperio mundial moderno hace poco más de diez meses.
Durante su campaña prometió sacar a las tropas estadounidenses de Irak, pero no ha podido lograrlo, y se cree que esto no será posible hasta dentro de —al menos— dos o tres años más.
También firmó una ley donde prohibía las torturas por parte de agentes del estado norteamericano (cosa que no es posible saber si se cumple, y algo nos dice, que de todas formas no debe ser así).
Intentó en un inicio distanciarse de las horrendas políticas de Bush, sin llegar, sin embargo, a condenarlas o a señalar abiertamente su falta de ética y humanidad. Hoy día, eso parece haber quedado relegado al olvido histórico-conveniente.
También, es verdad, ha gestionado un futuro desarme nuclear por parte de las potencias y otros, que no siendo potencias, poseen armas nucleares (y son los que más miedo dan). Pero logros, logros, pues no hay nada aún en firme.
En resumidas que, Obama es un tipo con buenas intenciones, sí. Un poco idealista, quizás, que ahora estará recibiendo una dosis espantosa de “realismo gubernamental”, y que, a mí parecer, se las ha visto difíciles tratando de demostrar que, aunque sea el primer presidente afroamericano de EEUU, gobernará con más tino y más escrúpulos que cualquier blanco.
Entonces, cabe preguntarse si un premio Nobel a estas alturas es lógico, merecido o incluso, políticamente correcto. Y yo pienso que no.
Creo que un Nobel en estos momentos le acarreará más perjuicios que beneficios. Hará que su gestión sea puesta sobre la balanza y se la evalúe con mayor rigor.
Ahora bien, un Nobel siempre es un Nobel. Esperemos pues que este premio sirva como un aliciente para que Obama no decaiga en sus intentos y para que, al menos, se incremente su compromiso por hacer lo prometido. En caso contrario (y qué feo tener que decirlo), de ser el hombre que hizo nacer la esperanza en el mundo, pasará a ser la mayor decepción de las últimas décadas para los que apostaron por él; nosotros, los latinoamericanos, incluidos.

10 oct 2009

Sobreviviendo...


Mercedes Sosa llegó a mi vida de la misma forma en que llegan todas las cosas buenas: sin darme cuenta.
Fue una noche en que mis amigos decidieron acabar la noche en una discoteca, y yo quedarme sentada en una terraza, con vista a San Salvador, tomándome un whisky. Entre los discos de un amigo encontré un disco de antología, me enamoré de su voz y de sus letras, y desde entonces siempre ha estado presente en mí.

La oí en mis paseos por el campo, en mis noches de lluvia, en los paseos a las montañas de la Palma (Chalatenando), en mis viajes a Sudamérica, pero sobre todo, en mis días de cuestionamiento y sobrevivencia.

“Dadme las uvas y el sol
La bella emoción de amar
Bajo las estrellas
Que vivir sin esta vida
Es imposible para mí…”

Luego la escuché, en vivo, por vez primera en el Gran Rex de Buenos Aires. Un asiento carísimo, una noche extraña de caminata a media noche, un recital acústico y electrificante que valió la pena y más.
Acudí a verla por segunda vez al Estadio Nacional de Chile. La historia se repitió, con la sorpresa de descubrir que el concierto al que había asistido previamente se había convertido en CD.

Y la vi una tercera vez, en el Miguel Angel Asturias de ciudad de Guatemala. Esa vez, supe, sería la definitiva (como dicen que son las 3as veces). Estaba ya muy cansada, se la veía mal, el peso no ayudaba, tampoco la edad.

Cuando me enteré el sábado pasado de su muerte, yo estaba en la Antigua Guatemala. Varias amigas y yo habíamos pasado un viernes de canciones, entre las que, obvio, no pudo faltar (irónicamente) “Gracias a la vida”. Derramé unas cuantas lágrimas: por su música, por su lucha, pero más que nada, por mí. Ya no la volvería a ver. Ya su música era historia y su voz una compañía distante.

Gracias pues “Negra”, por las fibras removidas, por los sentimientos descubiertos y por contarme que al final de todo “sólo se trata de vivir”.

1 oct 2009

Occupation: housewife


Muchas veces una no anda buscando nada, y se encuentra, sin embargo, con cosas así como de colección. Resulta pues que leyendo el libro de Betty Friedan, “The feminine mistique”, en el capítulo llamado “The happy housewife heroine” (algo así como “La feliz y heróica ama de casa”), encontré una referencia a algunos títulos de artículos publicados en revistas “femeninas” estadounidenses en 1949.
Ni necesidad hay de explicarlos, léalos y juzgue por usted misma:
"La feminidad comienza por casa", "Quizás el mundo sea de los hombres", "Tenga sus hijos mientras esté joven", "Cómo atrapar a un hombre", "¿Debo dejar de trabajar cuando me case?", "¿Está usted educando a su hija para ser una ama de casa?", "Profesiones de la casa", "¿Qué tanto deben hablar las mujeres?", "Por qué los soldados prefieren a las chicas alemanas", "Lo que las mujeres pueden aprender de la madre Eva", "La política: un mundo verdaderamente de hombres", "Cómo conservar un matrimonio feliz", "No tengas miedo de casarte joven", "El doctor habla sobre la lactancia materna", "Nuestro bebé nació en casa", "Cocinar para mí es como hacer poesía", "El gran negocio de administrar una casa"… y así por el estilo todos los demás.
Y me pregunto: si así son los títulos, ¿cómo serán los contenidos de semejantes artículos?

25 sept 2009

Romero: La película


Monseñor Romero se siente tan lejano y tan cercano, a la vez. Lejano, tomando en cuenta que su muerte ocurrió hace ya casi tres décadas. Cercano porque siempre ha estado ahí. Ha formado parte del “imaginario colectivo” salvadoreño.
Por diversas razones, entre otras una necesidad de recuperación de “mi” memoria histórica, estoy buscando formas de acercamiento a él. No como el político (que sí lo fue de algún modo), ni como el arzobispo, ni como el “santo” que tantos proponen, sino como el hombre angustiado que debió tener una terrible crisis de fe y de vida. Un hombre atrapado entre las clases a las que tradicionalmente había servido la Iglesia católica, de la cual él era la cabeza, y su “deber ser”.
Entre búsqueda y búsqueda me encontré en Youtube con la película “Romero”, que John Duigan dirigiera en 1989, y para cuyo papel protagónico eligieron a Raúl Julia, un autor puertorriqueño que durante su vida recibió muy buenas críticas por su actuación en películas como “Havana”, “The Addams Family” o “Tequila Sunrise”. (Pueden ver la película completa aquí.)
Evidentemente lo mejor de toda la obra (aparte de la buena actuación de Julia) es el guión, en el que John Secret Young (productor y guionista) puso mucho empeño en reflejar la realidad y las causas que explican las posturas tomadas por Monseñor Romero.
Creo que no se trata de una película sesgada, sino más bien realista y bien informada.
Contiene imágenes fuertes, para otros, pero que para nosotros, los que vivimos la guerra, fueron la cotidianeidad durante más de doce años que duró la crisis.
Pienso que es una película que debería haber sido mucho más comentada en nuestro país. Aunque comprendo que, dado que El Salvador aún vive en la indefinición histórica y en una especie de negación y explicación fácil del pasado, esta obra aún pueda levantar resquemores y furia en alguno de los sectores que en ella se ven reflejados.
Vale la pena verla, sin lugar a dudas, e intentar encontrar en Oscar Arnulfo Romero no ya el santo, el mártir, el cura “polítizado”, sino al hombre que en un momento dado decidió que había necesidad de un cambio en nuestro país y, con la valentía que, ahora sí, sólo la fe en algo puede dar, decidió convertirse en un “ajusticiado” más, con la diferencia que su muerte sí puede ser considerada como uno de los pilares más importantes de los pequeños cambios que El Salvador ha experimentado durante las últimas tres décadas.

18 sept 2009

Los 1os 100 días de Funes y contando

Los famosos 100 días de Funes transcurrieron como si nada. Esperados por todos (por sus seguidores para ver qué tantos cambios haría, y por sus detractores porque sabían que en 100 días no es posible hacer mayor cosa), fueron la comidilla de los medios.
Me contaron que, para poderlo contar entre sus obras, el Presidente colocó la primera piedra del futuro hospital de maternidad, cuyos trabajos no comienzan ni por cerca, porque ni planos hay del edificio.
Dicen también que el mismo Funes, al ser cuestionado por sus avances en estos primeros 100 días dijo que no se explicaba quién diablos se había inventado lo de los 100 días famosos, que era lógico pensar que en tan poco tiempo nada se hubiera concretado aún.
Dicen también que los periódicos salvadoreños le respondieron sacando notas sobre la historia de los famososo “100 días”, que según dicen fueron invento de Roosevelt.
Lo cierto es que 100 días son muy pocos si los comparamos con los 20 años que Arena estuvo en el gobierno.
Temas como la seguridad no se resuelven tan fácilmente, sobre todo, si se tiene conciencia de que sus raíces son profundas —¡profundísimas!—, y que las medidas a tomar han de llevar la misma cantidad de tiempo, si es que no más, para comenzar a hacer sus efectos.
Mientras tanto, a Arena y a Alfredo Cristiani —que luego de la derrota reapareció con nuevos brillos y con una rabia que antes no se le había visto— le ha resultado muy fácil levantar una crítica (no oposición) constante, que más que bien le hace mal a nuestro ya jodido El Salvador.
100 días es muy poco además para saber cómo habrá de ser el gobierno de Funes. Eso sólo lo podremos juzgar cuando en el 2014 entregue la presidencia a otro u otra, ojalá elegido/a democráticamente, y nos podamos plantear de forma objetiva sus méritos y sus fracasos.
Algunos creen que, luego del mandato de Funes, Arena vuelve al poder. Que porque la gente ya está arrepentida de haber votado por estos que son peores que los anteriores.
Sin embargo, aunque así fuera, no importa. El intento se hizo. Se está haciendo. Los salvadoreños querían (y tenían además todo el derecho) de ver cómo era la vida sin papás dominantes/sabelotodos que les dijeran lo que debían y no debían decir y hacer. Que si fue un error que los salvadoreños eligieran a Funes, pues se sabrá más adelante.
Hoy por hoy, El Salvador está viviendo por vez primera su adultez, la que conlleva responsabilidades y afrontar consecuencias por los actos.
El salvadoreño ya no quería que le dijeran que hacer, y que todavía le restregaran en la cara que si las cosas no salían según lo esperado, era porque no había puesto de su parte (la libre competencia, claro, donde nada es responsabilidad del Estado (menos del gobierno) y todo es culpa del ciudadano de a pié).
En fin que 100 días no son en lo más mínimo representativos de los 20 años de gobierno arenero. Ni tampoco alcanzan para deshacer el entuerto de una empresa que durante todo ese tiempo estuvo diseñada para parecer que funcionaba y para disimular, acompañada de un aparataje periodístico y de partido, cuando alguna pieza se quebraba o algún fusible se fundía.
Démosle pues a Funes los otros cuatro años con 265 días que le faltan, y entonces, al menos, habremos abarcado la cuarta parte de la posguerra. Una posguerra marcada por la intransigencia, la polarización y sobre todo, la incapacidad de un partido de reconocer que toda situación perjudicial para el país, fue creada por ellos y que seguirá siendo su responsabilidad —al menos en parte— hasta por lo menos de aquí a veinte o treinta años. En cuanto a Funes, pues ya veremos qué pasa. Hoy día, aún es digno de gozar del beneficio de la duda... hasta que no se pruebe lo contrario, claro está.

6 sept 2009

Sobre mis días en Mario´s, la PDDH y mi primer libro clandestino


Era el año de 1997. Había probado suerte en un par de bufetes y había resultado ser un fiasco. Mi vida de estudiante de derecho sencillamente no iba bien con la escasez de tiempo y las clases en la Universidad José Simeón Cañas, que comenzaban a las 7 am. —la 1ª— y terminaban a las 9 pm. —la última— con intermedio de trabajo de 8 a 4.30 pm., y con continuidad de repaso de cuadernos, textos y apuntes (mismo que podía prolongarse hasta las 2 o 3 de la madrugada) después. Pero eran otros tiempos, claro. Yo tenía veintitrés años y mi cuerpo reaccionaba aún para asistir a fiestas o a Mario´s los viernes por la noche.
Fue entonces, por esos días de locura, en que el entonces Secretario General de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (recién inaugurada en El Salvador, tras los acuerdos de Paz) me invitó a laborar en dicha institución. Yo sacaba buenas notas en su clase, así que fue cosa de pasar papeleos e ingresar.
Si la UCA había sido para mí todo un cambio de estándares (en todo sentido), la PDDH fue todo un cambio de mundo y cosmovisión. Fue ahí donde me ofrecieron la lectura de un “libro clandestino”, que debía leer sin hacer mayor comentario y devolver en menos de ocho días. Lo miré, sopesé y vi que no era extenso, así que tal cual, prometí cumplir con todos los requisitos.
El libro era “El asco”, de Horacio Castellanos Moya, un autor para mí desconocido por aquel entonces, y del que luego me haría gran aficionada. En dicha obra descubrí verdades asquerosas, cosas que se murmuraban en un país que recién suturaba sus heridas de guerra y apenas se animaba a alzar la voz para llamar las cosas por su nombre.
Lamentablemente, en parte por la promesa y en parte por la falta de alero, jamás pude comentarlo con nadie. Lo leí de un tirón, me sorprendí ante cosas que eran evidentes y dudé de otras que yo, francamente, desconocía y que con mucho temor incluí en mi bagaje de “cosas que hay que saber sobre tu país”.
Luego vendrían otras obras. Baile con serpientes —del que desde su lectura tengo pendiente una reseña— es aún mi favorito. Y hasta la fecha, no dejo de sorprenderme con la velocidad, la ironía, la lucidez y el realismo de este autor, de quien hoy vengo a recomendarles la lectura de una entrevista que la argentina Lilian Fernández Hall le hiciera en Estocolmo. Pueden leer la versión publicada en el periódico La Hora de Guatemala.
Yo, para mientras, tomaré por cuarta vez “El asco”, para reírme un poco y para dolerme otro tanto de mi país, al que quiero y no quiero, por pura antipatriótica que soy.
Aclaración necesaria: Sacando cuentas, sumida hoy en el tráfico horrendo de la ciudad de Guatemala, me di cuenta que cuando yo trabajé en la PDDH (1994-1997, aprox.) la Procuradora era la Dra. Victoria Marina Velásquez de Avilés, hoy Magistrada de la CSJ, si no estoy mal informada. Es decir, que no era la 1ª administración de dicha institución, que se creó con los Acuerdos de Paz, sino la 2ª.

4 sept 2009

"Te voy a contar un cuento"... en Sophos

A partir del día lunes 21 al sábado 26 de septiembre, la escritora salvadoreña, Jacinta Escudos, impartirá en Sophos un taller de cuento: de cómo se inician, cómo se desarrollan los personajes, el ambiente, diálogos, etc. hasta cómo se terminan.
Acompañado de cafecito, vinito y otras viandas, la autora enseñará teoría y práctica, al tiempo que hará lectura de cuentos que, según su criterio, hay que leer.
Jacinta es ganadora del premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo y autora de varios libros de cuento (El Desencanto, Cuentos sucios, Felicidad doméstica & otras cosas aterradoras, entre otros).
Y ya en plano personal, he de decirles que Jacinta Escudos es una de mis autoras favoritas, por su ironía y análisis crudo de la realidad, en muchas ocasiones tendiente a develar ese misterio inexpugnable (y peludo) llamado “familia”.
Baste decir que llevo años persiguiéndola para un taller como este, y bueno, la montaña vino a mí. Nos vemos entonces en Sophos.

30 ago 2009

¿Crueldad o libre competencia?


Que se celebre en Guatemala un festival gastronómico que superó el Guiness Rercord de platillos servidos en un buffet (unos 1,200), mientras que los medios de comunicación anuncian que Guatemala es el país con mayor desnutrición en el continente, ya no es sólo indignante, sino que obliga reflexionar ¿qué pasa? ¿Qué verdaderamente pasa en nuestros países —porque el resto de Centroamérica no es distinto— donde lo que ya ni siquiera podría ser calificado de pobreza extrema, sino de crueldad humana, convive con la riqueza y la indiferencia de muchos? ¿Qué nos ha hecho llegar a estos niveles de cinismo y deshumanización? ¿Cómo llegamos a ver la muerte de un niño como algo normal, inevitable y ajeno?
Conversando el otro día con unos estudiantes, les planteaba la problemática de la desnutrición. Veíamos que en Guatemala la mitad de los niños menores de cinco años no se ha desarrollado ni física ni mentalmente de forma adecuada. Que un gran porcentaje de la población de nuestros países sobrevive (si es que eso es posible) con menos de un dólar al día. Que existen poblados en Guatemala, tal es el caso de Tulul (situada a tan sólo 90 Kms. de la ciudad de Guatemala), donde el 83.6% de los menores de cinco años padecen de desnutrición crónica. Y otros casos desconcertantes, como Almolonga, un poblado situado en el Altiplano del oeste guatemalteco, donde se cultivan, venden y exportan vegetales a toda Centroamérica, pero que tiene uno de los índices más altos de desnutrición de la república.
Lo preocupante del caso es que según estos estudiantes, futuros administradores de las empresas y de la nación, los casos de desnutrición se deben a la irresponsabilidad de los padres por no adoptar métodos de control natal, o por ser alcohólicos, o por no saber aprovechar las oportunidades. Hubo alguno por ahí, que incluso manifestó que se debía a la libre competencia. Y ante mis ojos de incredulidad explicó que unos aprovechan mejor las oportunidades que otros, y que por lo tanto era lógico que los “campeones de la vida” gozaran de las mejores condiciones de vida, mientras que los otros se murieran.
¿Qué existe detrás de todos estos argumentos? Porque no estamos hablando simplemente de un análisis individual, perdido por ahí. Estamos viendo una juventud a la que se le ha hecho creer que carece de responsabilidades sociales y que la vida se trata de que cada cual salga adelante como pueda, y que el resto se las arregle por su cuenta.
Se trata de un individualismo llevado a ultranza, donde lo que importa es que mi familia y yo progresemos. El Estado, por lo tanto, es un ente que sirve para fines particulares, y no tiene la obligación de evitar que no haya una tan sola persona que muera de hambre, que todos contemos con hospitales decentes, con carreteras, con seguridad, etc.
El resultado de este pensamiento individualista y poco solidario, ha sido —desde hace mucho— el abandono de las clases necesitadas a su suerte. De una población que no sólo no cuenta con lo básico para vivir, sino que no tienen siquiera derecho a la vida, ya que mueren antes de cumplir cinco años.
¿De quién es la responsabilidad, al final de cuentas? Pues de todos. De la sociedad civil en su conjunto. De unos ciudadanos que observamos con indiferencia que nuestras naciones son inoperantes para proveer a sus nacionales del “mínimum vital”, e inventamos historias neoliberales como la libre competencia o la ley del más fuerte para limpiarnos la conciencia y no sentir culpa al gozar de lujos.
Preguntémonos ahora de dónde salieron los levantamientos indígenas en su momento, la guerrilla después y la delincuencia y las maras de hoy en día. Preguntémonos porqué surgieron. Quienes fueron los que los vieron sufrir con indiferencia, y quienes fueron los que, en su momento, cuando aún era tiempo de otorgarles lo que les correspondía por ser humanos (no por caridad o por beneficencia) no tomaron las medidas adecuadas para que en un futuro (que es el presente de hoy) no nos pasaran una factura con un precio absurdo en muertes y violencia. Preguntémonos además, quienes seremos, de igual forma, los culpables del caos del mañana.

23 ago 2009

Del "Minimum vital" a la violencia absoluta: Alberto Masferrer "reloaded"



Cuando Alberto Masferrer (Usulután, 1868-1932) escribió “El mínimum vital” (1929), El Salvador atravesaba por una crisis derivada de la gran depresión económica que resquebrajaba la economía estadounidense y que había hecho caer los precios del café (principal producto de exportación de El Salvador).
Derivado de ello, miles de campesinos se vieron obligados a ganar salarios de hambre, en el mejor de los casos. El resto, sucumbía al hambre, la pobreza y las enfermedades.
Para Masferrer había llegado la hora de que el hombre hiciera una nueva alianza, una nueva forma de hermandad. Ya no era posible aceptar “dolorosas e irrazonables exageraciones” como doctrinas salvadoreñas. El odio de clases, el afán de atesorar y oprimir en unos y el de vengarse en otros, advierte, “se ha cristalizado en dos formas agudas: una tiende a la destrucción de las clases cultas, al nivelamiento económico, al rebajamiento de un comunismo absoluto; y otra, excrecencia de la codicia, insania o perversión de algunos millares de vampiros, para quienes la dignidad, la libertad, la independencia, la sangre misma de las naciones son materia prima para fabricación de dólares”.
Y sí. Ya sé que esta fórmula nos suena por demás conocida y actual. Pero Masferrer iba más allá. Todo ello, aseguraba, estaba conduciendo al país hacia el odio de clases, el rencor, la organización de los que ya por aquel entonces estaban preparando el día del desquite.
Y el desquite llegó. No una vez, sino varias a lo largo del siglo pasado. Llegó en enero de 1932, cuando cientos de indígenas se tomaron Sonsonate y mataron a machetazos al Alcalde y otros "notables", y saquearon almacenes. (Demás decir la forma brutal en que fueron reprimidos en consecuencia.)
Y llegó de nuevo a mediados de los setentas, y a finales de la misma década, y en enero de 1980, y a mediados de los 80´s, y en noviembre de 1989, cuando la capital fue atacada desde diversos puntos por grupos armados que durante más de una semana tuvieron a la ciudad en zozobra, paralizada y evidenciaron que la lucha iniciada en 1932 no estaba olvidada, y que la guerra de los setentas y ochentas no estaba perdida, y que no se encontraban en desventaja frente al ejército.
“Y cuando llegue (agrega Masferrer) —que será cuando los de arriba hayan agotado los medios de opresión y de represión—, tendremos el mismo desorden, la misma construcción malvada y estúpida, en que sirve de cimiento el esclavo y de coronamiento el señor”. Y también llegó este agotamiento de medios, y los de arriba se vieron obligados —con todo y el ejército que habían construido, fortalecido y especializado— a sentarse en una mesa de negociaciones y escuchar las demandas y prometer el cumplimiento de ciertas básicas que garantizarían el “mínimum vital” de un pueblo sufrido y resurgido de lo más hondo del caos.
Pero no las cumplieron. Ni un bando, ni el otro. Los “darwinismos comprendidos idotezcamente con su doctrina de la lucha, de la supervivencia del más apto, que viene a ser, según el criterio del egoísmo, el más ávido y descorazonado”, volvió a hacerse presente. Y el “mínimum vital” (tabla de salvación en el naufragio de la codicia extrema, según Masferrer), que si bien no es un estado ideal, al menos según el autor, era lo factible, lo sencillo, quedó en el olvido.
“El nuevo camino real, la vía ancha y clara del amor, a dónde los hombres, un día volverán”, quedó otra vez perdido en algún recoveco de nuestro andar, condenándonos así a caminar en círculos por quién sabe cuántos siglos más.
Conmovedora es pues esta obra de este pensador salvadoreño que remeció en su momento a las clases pudientes, que se vio exilado de su patria, no por plantear cosas extremas, sino más bien moderadas, pero que, sin embargo, resultaban demasiado riesgosas para algunos e insuficientes para otros.
Un tanto ingenuo, sí, porque partir del hecho de afirmar el amor como base de la conducta humana, es ir contra la historia y contra todo lo que nuestros países tienen que contar. Interesante, sin embargo, porque antes de que nuestro pequeño país convulsionara en violencia y sangre, él lograba ver un futuro lleno de odio y separación en una nación que, hoy por hoy, es el segundo país más polarizado de Latinoamérica después de Chile.

19 ago 2009

Amor del bueno


Mi amiga Ana Gloria Moya, a la que conocí en la persecución a Gabriel García Márquez durante la Fil (Guadalajara) 2008, me acaba de mandar desde Argentina estas fotos inéditas. Resulta que mientras yo alucinaba con gran maestro de la literatura, ella me las tomó.
Yo le pedí a Gabo una firma en un papel en blanco, y él —muy atinadamente (luego entendí) y muy advertido supongo— me dijo que no podía, que se lo tenían prohibido, pero que qué andaba yo leyendo, quiso saber. Y en ese momento, en las manos sólo tenía un libro de derecho penal antiguo mexicano. Así que ese fue el que me firmó. La niña de la portada (13) es una reclusa condenada a muerte por prostituta, o algo así... Es decir, una Cándida Eréndira.
En la primera foto, pese a las interrupciones del periodista inoportuno de la izquierda, él y yo (nótese) nos veíamos con ojos del más puro amor.


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15 ago 2009

Antigua angustia de la vida mía


Sucede que la vida es a veces un poco elástica. Se estira por aquí, pero se tensa por allá, y casi nadie se da cuenta.
Dicen que las personas relajadas viven mejor. Yo creo que simplemente no viven. Porque la vida es intensa. Está cargada de días complicados, en que no se sabe hacia dónde se va, y de días menos complicados en que "dónde se va" deja de ser importante.
Y no es cosa de “ponerle más agua al vino”, como me dijo alguien, porque si fuera posible, de verdad que se solucionarían el 75% de mis angustias.
Angustia. ¿Cómo se define la angustia? Es la sensación sin forma. Es aquello que existe, que está ahí, que te toca, que se acuesta contigo, que se mete al baño, que te toma el tenedor para hacer menos grata la comida, pero que jamás podés llamar por su nombre.
Y ahí está, siempre, sin parpadear. Mirándonos con sus ojos igualitos a los nuestros y con su sonrisa sin dientes, recordándonos que un día —no muy lejano— nos las pelamos, ¿y qué?
¿Por qué tenerle miedo a la soledad?, me preguntó alguien recientemente, mientras nos tomábamos una cerveza, la tarde caía y la Antigua Guatemala comenzaba a llenarse de fantasmas ahogados. A la soledad no, le respondí, a la muerte. ¿Te da miedo morirte?, quiso saber, como si la pregunta no fuera trillada. Morirme no, respondí, pero sí dejar cosas sin hacer.
Ahora estoy pensando a qué cosas me refería cuando se lo dije, pero en fin.
He descubierto nuevos libros, he conversado con mucha gente, he creído que el mundo se acababa, cuando quizás, a lo mejor, está por comenzar.
Tengo clases pendientes, trabajos que revisar, novela en proceso, cuentos que no se dejan, mails en paleta por responder, hijas que quieren ir al McDonald´s y miles de cosas sin terminar, pero que bueno, las dejo para después porque hoy necesito vivir. Ya mañana veremos si me alcanza el tiempo para hacerlas o si me muero dejándolas incompletas.
Pd.: La foto, que es preciosa, es de la entrada de Antigua Guatemala. Atrás, el Volcán de Fuego (¿será?). El santo en puntas me causa ternura, porque intenta, según yo, estar así más cerca de Dios. Y es que Octavio Paz dice, precisamente, en su Laberinto de la Soledad, que la soledad es sentirse "dejado de la mano de Dios". Mano que no alcanzamos a tocar ni en puntillas...

13 ago 2009

Saramago: Guatemala, un caso típico de perversión juzgadora.

José Saramago, el premio Nobel de Literatura, habla sobre el caso de Raúl Figueroa Sarti.


Agosto 13, 2009 por José Saramago

Cada día va quedando más claro en todo el mundo que el problema de la justicia no es de la justicia, sino de los jueces. La justicia está en las leyes, en los códigos, luego debería ser fácil aplicarla. Bastaría saber leer, entender lo que está escrito, escuchar de manera imparcial las alegaciones del acusador y del acusado, las testimonios, si los hubiere, y finalmente, en conciencia, juzgar. La corrupción tiene mil caras y la peor de todas, en este asunto, tal vez sea, a favor o en contra, la naturaleza de la relación entre quien juzga y quien es juzgado. Un caso típico de perversión juzgadora ha sucedido muy recientemente en Guatemala donde el editor Raúl Figueroa Sarti de la casa F&G Editores ha sido condenado a un año de prisión conmutable a razón de 25 quetzales diarios y al pago de una multa de cincuenta mil quetzales, más las costas del proceso. ¿Cual fue el crimen de Raúl Figueroa? Haber publicado, a solicitud y con el conocimiento del autor, Mardo Arturo Escobar, una fotografía que fue insertada en un libro editado por F&G. De ese libro le fueron entregadas al ahora acusador algunos ejemplares. A los jueces no les importó nada que el propio Mardo Escobar hubiese reconocido que le había entregado voluntariamente una fotografía a Raúl Figueroa, al que le dio autorización verbal para usarla en una publicación. Sí les importó que el acusador fuese su colega: Mardo Arturo Escobar trabaja en el Cuarto Juicio de Sentencia Penal, siendo, por tanto, compañero de actividades de jueces, oficiales y magistrados…Pero este caso no es un simple episodio de baja corrupción. El acoso del que, desde hace dos años, ha sido objeto F&G Editores, se encuadra en la situación represiva que se está viviendo en Guatemala, donde el poder oficial está persiguiendo e intentando acallar las voces discordantes, ésas que, sin desánimo, siguen denunciando las violaciones de los Derechos Humanos en el país. Por lo visto, tenía razón aquel ya viejo juego de palabras entre Guatemala y Guatepeor. De los ciudadanos guatemaltecos se espera que el inocente juego no se transforme en triste realidad.

9 ago 2009

Raúl Figueroa Sarti: mi editor, mi amigo.

Cuando recién conocí a Raúl Figueroa Sarti, pensé que era un editor más. Un hombre que publicaba libros para ganar dinero. Con el tiempo, me di cuenta que me había equivocado. Estaba frente a un hombre poco común: un idealista con conciencia de presente y futuro, es decir, un tipo que quería hacer lo que le gustaba y quería hacerlo bien, que trataba con respeto a la literatura y a sus autores.
Cuando finalmente Raúl leyó el manuscrito de mi novela (Los locos mueren de viejos) y me llamó entusiasmado desde Nueva York para decirme que le gustaba y que si yo aceptaba me la publicaba, no dejé de sentir cierta aprehensión. Porque publicar a tu bebé con alguien es algo así como compartir la paternidad y la patria potestad.
Y publicamos.
Cuando, hace algunos meses, se agotó la primera edición de mi novela y hubo necesidad de tirar una segunda, fue Raúl quien me llamó muy entusiasmado para decírmelo. Él pudo, como ocurre con tantos y tantos editores, reimprimir sin decirme nada, obteniendo lucro de mi obra sin que yo, como autora, me enterase o sin que pudiera hacer nada para fiscalizarle.
Hoy día, Raúl, no es sólo mi editor. Es uno de mis más preciados amigos. ¿Por qué? Porque fue un hombre honesto, de cuentas cabales, transparente y de principios muy sólidos.
Me consta, porque lo sé, porque lo he visto, que Raúl es un hombre trabajador, visionario, noble y muy leal. Yo sí que puedo dar fe de ello.
Por eso, quiero que lean una nota escrita por Iduvina Hernández sobre una demanda penal, sin sentido, que le fue interpuesta a Raúl y que, debido mala fe de muchos, ha terminado convirtiéndose en una sentencia de prisión injusta y que nos afecta a todos, porque estos precedentes quedan y a futuro sirven para cometer más injusticias.
Raúl, mi editor, mi amigo, mi consejero, estamos aquí respaldándote y dándote el cariño y el respeto que merecés.
Como te he dicho siempre: Ya verás que de toda esta pesadilla saldrá algo bueno. Un abrazo.
NUEVO INFORME DE UNA INJUSTICIA
En una sala de vistas en el nivel catorce de la Torre de Tribunales, la jornada del seis de agosto de 2009 concluyó con una injusticia que raya en la desvergüenza para Guatemala.
Las juezas, Rosa María López Yumán (Presidenta), Magda Elizabeth Pérez Arana (Vocal) y el juez José Gilberto Castro Linares, quienes integraron el tribunal de sentencia, emitieron un fallo condenatorio contra un hombre honrado, intachable y trabajador: Raúl Figueroa Sarti, representante de la casa editorial F&G Editores.
Las juezas y el juez de dicho tribunal, aceptaron y dieron valor probatorio a la mayor de las mentiras y de las infamias y con ello argumentó el contenido de su resolución que deriva en una injusticia.
Pese a que Mardo Arturo Escobar reconoció que había entregado voluntariamente a Raúl Figueroa Sarti, una fotografía y que le había otorgado permiso verbal para usarla en una publicación, el tribunal desestimó esta aceptación y decidió condenar a Raúl Figueroa, de los delitos de que lo acusa falsamente Mardo Escobar.
Con este acto, cometido contradictoriamente en el edificio de la justicia en Guatemala, se sella el asedio y el hostigamiento a un editor que ha dedicado los últimos quince años a promover a las y los autores guatemaltecos, conocidos y no conocidos, trabajando tesoneramente para mantener la producción editorial en F&G editores. Una casa editorial por la que cada guatemalteco y guatemalteca debe sentir orgullo.
Como ha sido narrado anteriormente, la historia de este drama para las letras en Guatemala arrancó en 2006 cuando Escobar llegó a las oficinas de F&G y mostró un juego de fotos que pidió le fueran impresas. Raúl Figueroa le explicó que F&G no es una empresa impresora de fotos sino una casa editorial y que para ayudarle en la promoción de su fotografía le ofrecían utilizar una de ellas en la portada de un libro que estaba por salir de imprenta. Escobar aceptó la oferta y con ello dio su autorización para el uso de una de las dos fotos que él mismo propuso se emplearan en la portada. El crédito a su autoría en la foto está incluido en la contraportada. Además, Escobar recibió varios libros de la edición de marras, los cuales aceptó y utilizó. En su alegato, sin embargo, mintió al afirmar que supo del uso de la fotografía cuando vio el libro en una vitrina.
Las dos mentiras señaladas, tanto la forma en cómo se enteró del uso de la foto, como la de haber otorgado autorización verbal para el empleo de ésta, fueron desestimadas por las dos juezas y el juez que integraron el tribunal, pese a que ambas constan en el expediente. Prestas y presto, López Yumán, Pérez Arana y Castro Linares, decidieron favorecer a un colega. Puesto que Mardo Escobar trabaja en el juzgado Cuarto de Sentencia Penal, en la Torre de Tribunales y por lo tanto, es compañero de labores de jueces, oficiales y magistrados.Con base en esa relación, seguramente logró amarrar vínculos, al mejor estilo de los grupos parelelos que funcionan en el sistema de justicia y si bien perdió su ambición de recibir setenta mil quetzales de indemnización, pudo mover los hilos de la ley para que Raúl Figueroa fuese sentenciado a un año de cárcel, conmutable a razón de veinticinco quetzales diarios y al pago de una multa de cincuenta mil quetzales, más las costas procesales.
Con esta sentencia, como se afirma al inicio, se cierra el primer anillo del acoso y hostigamiento contra la editorial F&G, distinguida y reconocida internacionalmente no solo por publicar constantemente a autores nacionales sino, porque ha invertido buena parte de su capital en la difusión de materiales esclarecedores de las violaciones a Derechos Humanos en Guatemala.
Este acoso, que duró más de dos años entre amenazas, intervenciones telefónicas y seguimiento, encontró un asidero sistémico en la denuncia de Escobar y la condena de las juezas y el juez que se prestaron a seguir tejiendo los hilos de la impunidad con un nuevo acto de injusticia.
Toca entonces a las y los escritores en Guatemala, alzar su voz para impedir que esta injusticia se consume y apoyar a Raúl Figueroa y F&G editores a conducir las apelaciones necesarias para revertir esta monstruosidad jurídica. A la sociedad guatemalteca en general y en particular a organizaciones sociales, por justicia y derechos humanos, rechazar con energía esta atrocidad que deviene en impunidad ante quienes usan la ley para criminalizar a ciudadanas y ciudadanos honrados y la esconden cuando se trata de proteger a criminales y genocidas.
Iduvina Hernández

6 ago 2009

Barba vieja: Verónica Vides en Guatemala


Verónica Vides, escultora salvadoreña, ha montado en la galería Sol del Río una interesante exposición de arañas. Sí, tal cual: arañas grandes y arañas chiquitas de patas elegantes. Una muestra sin duda genial, porque combina la fragilidad de estos animalillos con la solidez del hierro. ¿Qué puede haber más remecedor que eso?

La exposición estará abierta al público del 7 al 29 de agosto del 2009 en la 14 Avenida, 15,56, Zona 10, Guatemala.

26 jul 2009

Semillas de Papaya a la Luz de la Luna, de Ana Gloria Moya

Este martes 26 de julio, a las 6 pm, estará la autora argentina Ana Gloria Moya, ganadora del prestigioso premio Sor Juana Inés de la Cruz 2002, presentando su nueva novela "Semillas de Papaya a la Luz de la Luna", la cual narra la conquista y muerte de Pedro de Alvarado, así como la fundación de la ciudad de Guatemala y su destrucción.

Yo acompañaré a la autora en un conversatorio que promete mucho, ya que es una mujer muy interesante: abogada y defensora de la causa de los sobrevivientes de torturas en su país natal.

Los espero entonces!


Pd: El libro lo venden ya en SOPHOS y además, pueden leer una entrevista con la autora en este link.

20 jul 2009

"The problem that has no name"


Betty Friedan es una reconocida autora de temas feministas. Pero su gran mérito, pienso yo, fue el haber llegado hasta los ámbitos íntimos donde pocos se aventuran.
Mucho se había hablado de los sistemas estatales, sociales, políticos, económicos, culturales, etc. que reprimen al individuo pero —hasta entonces—, nadie se había adentrado en los oscuros y tenebrosos abismos que muchas veces se ocultan en el lugar donde la persona debe sentirse protegido y amado: la familia.
La pregunta aquí es: ¿Por qué? ¿Por qué no le interesaba —y aún no interesa— a nadie lo que pasa en el interior de la “célula principal/base de la sociedad”. ¿Por qué muchos se desviven intentando comprender ámbitos más amplios como la sociedad en su conjunto, o una comunidad, una cultura, un país, etc.?
La respuesta es terrible, no por ella en sí misma, sino por todo lo que implica y nos implica a nosotras las mujeres: pues porque simplemente a nadie le interesan en estos diminutos sistemas sociales, que se cree son propios de las mujeres y que, por lo mismo, son irrelevantes. Tanto es así que —aún en la actualidad— cuando algún libro toca estos temas, y más si ha sido escrito por una mujer, se tiende a restarle importancia.
No ocurre lo mismo, sin embargo, con aquellos textos que hablan de organizaciones colectivas, donde se piensa que el individuo se difumina para dar paso al interés general.
Es así como Betty Friedan, luego de adentrarse en el ámbito de lo privado, logra identificar un problema: “el problema sin nombre”. Se trata de un conjunto de síntomas y malestares que las mujeres aún hoy día compartimos, pero a los cuales no podemos llamar por su nombre (como la angustia misma) ya que nadie se lo ha dado.
Se trata de ese aburrimiento por la vida, esa sensación de estar difuminadas en la nada y en el todo colectivo, donde no somos más que una pieza útil (pero dispensable) para su funcionamiento.
De acuerdo a Friedan, este malestar comenzó a aparecer claramente en los consultorios psicoanalíticos, entre las mujeres de clase media de los suburbios de los Estados Unidos, en los años sesenta. Se trataba de mujeres que gozaban de cierto nivel de escolaridad, muchas incluso graduadas de la universidad, pero que finalmente optaron por el matrimonio, los hijos, la casa, el shopping, etc. y que, pese a que la cultura les había vendido ese estilo de vida como el ideal, ellas no se sentían felices con sus vidas.
—Tengo todo, todo está bien en mi vida, no tengo problemas, mi marido es fantástico, mis hijos también, entonces: ¿por qué no soy feliz?, se preguntaban. ¿Qué me falta?
Resulta pues que esta ideal American way of life fue creada para devolver a las mujeres a sus hogares luego de que durante la Segunda Guerra Mundial se descubrieran productivas e insertadas dentro de un ciclo productivo de trabajo.
Lo triste fue que, en aquel entonces (1960), las soluciones pasaron desde los antidepresivos hasta una sermoneada de curas, psicólogos, familia, etc., afirmándoles que su inconformidad era falta de fe, de amor por su familia, de entrega, egoísmo, inconformidad producida por la falta de ocupación, etc.
¿Pero cómo no van a ser felices estas mujeres?, se preguntaban los psicoanalistas, políticos, consejeros, etc., si tienen todo lo que sus madres y abuelas no tuvieron: lavadora de platos y ropa, aspiradoras, casas lindas, riesgos bajísimos de mortalidad materna, etc.
Las hubo a las que se las convenció de que el problema estaba en ellas, y que por lo tanto, si no ponían de su parte, nada había que hacer para ayudarlas.
Otras , sin embargo, no se resignaron, y decidieron ponerle nombre al problema: El síndrome del Ama de Casa. Y sí, de ahí surge la ya famosa serie “Desperated housewifes”.
Por si les interesa ahondar en el tema, les dejo aquí el primer capítulo de este libro fantástico de Betty Friedan, cuyo nombre causa hasta escozor: “The femenine mystique” o “La mística femenina”.

8 jul 2009

Joaquín Villalobos: otro personaje en el tintero

Joaquín Villalobos, un hombre joven al inicio de la guerra, es otro de esos personajes con los que uno se encuentra a lo largo de la historia salvadoreña y que lo marcan para siempre, y sobre los cuales uno se jura volver para convertirlo en un personaje de alguna novela.
Máximo dirigente del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) durante los 80´s, intelectual durante la paz, participe de acciones que a cualquiera pararían el pelo, vive hoy en Inglaterra y trabajaba para la Universidad de Oxford, según tengo entendido.
Él pues, ha escrito uno de los mejores artículos que he leído sobre lo que la crisis en Honduras representa para nosotros: "De nuevo las repúblicas bananeras". Pueden leer aquí la versión de El País (España).
En esta foto, que supongo fue tomada durante una de las rondas de negociación de los acuerdos de Paz a inicios de los 90´s, aparece la comandancia general del FMLN (Frente Militar para la Liberación Nacional Farabundo Martí), que fuera la guerrilla salvadoreña, ya sin sus trajes de camuflaje y fusiles, siendo estos: Eduardo Sancho, Joaquín Villalobos, Francisco Jovel, Salvador Sánchez Cerén (actual vicepresidente de El Salvador) y Schafik Handal (tío de mi marido, ya fallecido y uno de los líderes de izquierda más importantes de El Salvador).
Prometo (me prometo) hacer próximamente un buen post sobre Villalobos, sin duda, un personaje interesante y poco comprendido en El Salvador.

7 jul 2009

Insulza, la OEA y los caudillos del siglo XXI

Luego de varios días alejada de la civi-polución, el cuerpo como que demanda. Y es que uno se acostumbra al ruido, al smog, a las prisas por llegar, a las trabazones, pero sobre todo —yo creo— a la comida.
Uno se acostumbra a comer mal: McDonald´s, Burger King, Wendy´s, etc. Y como mi mente y mi cuerpo demandaban una deliciosa y terrible hamburguesa de media libra con papas, tocino y champiñones, pues fui a cenar a Friday´s.
Demás decirles que todavía la estoy procesando, pero nada que una buena dieta de frutas y verduras no devuelva a la normalidad.
El caso es que mientras esperábamos que nos sirvieran, comenzamos a platicar en la mesa de todo lo que había ocurrido estos días y, cómo no, salió el tema de Zelaya. Y como hoy día —tal y como lo fuera semanas antes en Guatemala— hablar del depuesto gobernante es hablar de la OEA, iniciamos una discusión sobre si la existencia de este organismo tiene algún sentido.
Me sorprendió darme cuenta de la desconfianza que existe hacia este foro de discusión, porque la OEA no es más que eso. No es un juez, no es un ejército, no es tampoco un papá que nos va a decir qué hacer.
Ayer vi algunas noticias donde se pedía la renuncia de José Miguel Insulza por no haber sido capaz de cumplir el encargo al que se le destinó en Honduras y además haber hecho poco menos que el ridículo (en eso sí estoy de acuerdo) al llegar a un país donde, en realidad, no pudo hacer nada, porque nada había realmente por hacer.
Micheletti y compañía están empecinados en que tienen la razón y que son un gobierno legítimo, a pesar de las evidentes anomalías con que se ha manejado todo el asunto.
Sospecho, por lo visto en Facebook y algunas noticias, que —al igual que ocurre siempre— está sustentado por un grupo de poder económico que le hacen creer que no se echarán para atrás si la “hora peluda” llega. (No quiero por ahora ni imaginarme lo que “eso” pueda ser.)
La OEA insiste en que no, que ha sido ilegal y que deben regresar la presidencia a Zelaya, que es el presidente democráticamente electo.
Pero cuando los bandos se apoltronan en sus razones y se niegan a escuchar alternativas, el tema cae en un impase y, si no existe algo que lo haga detonar, pueden pasar meses y años antes de que se encuentre una salida al tema.
La OEA quedó —estoy de acuerdo en eso— en entredicho ante las personas que esperaban que Insulza fuera una especie de Superman justiciero. Sus presiones quedaron en nada, sus amenazas carecieron de coercibilidad y su supuesta autoridad quedó obviamente pisoteada. Resulta entonces hasta cierto punto razonable que la gente se pregunte luego del fallido intento de aterrizaje de Zelaya: ¿Y ahora, quién podrá defendernos en caso de que ocurriera algo así en nuestros países?
“La OEA es un desastre, no sé para qué sirve, no deberíamos ya pertenecer a semejante organización, etc.”, son afirmaciones que he oído repetidamente, y siempre he dicho: La OEA no es fallida, porque ésta se constituyó como una organización dentro de la cual todos los países americanos se comprometieron a acatar las reglas del juego. Reglas establecidas en una carta constitutiva que todos conocieron y validaron. Entonces, en caso de contravención, no es dable inferir que sea la OEA la que no funciona, sino que los países que la componen —y qué vergüenza que Centroamérica sea siempre el Medioevo en la historia de este continente— son estados que no están capacitados para establecer este tipo de pactos internacionales.
La carta de la OEA exige que los gobiernos de todos los países miembros sean electos de forma democrática, pero si un país no respeta estas normas, no es que el documento esté mal redactado, sea ineficaz, etc., sino que evidencia la falta de compromiso internacional-comunitario que aún existe en nuestras pseudo-repúblicas.
Y es que si bien, la OEA no tiene capacidad de ejercer medidas coercitivas (léase) inmediatas, sí son organismos donde los países encuentran respaldos y apoyos en una época en la que el que se aísla, está condenado a “sub-existir” (cito el caso de Cuba y sobre el cual —yo sé— habría aún mucha tela que cortar).
Mal pues por Micheletti, que no ha hecho más que agravar el ya grave estado de cosas en una nación que aislada y en pleito con el resto de países vecinos, no será capaz de sobrevivir mucho tiempo.
Zelaya por su parte se está haciendo los bigotes (y vaya que ya los tiene bien hechos) con este derroche de fuerza y falta de razón que han mostrado sus adversarios.
Y si algo creo yo que es dado reprocharle a la OEA y a Insulza -chileno creyente en el estado de derecho y cosas de esas que tan extrañas nos suenan-, es que hayan sido tan crédulos de no sopesar el que no estaban tratando con “caballeros”, sino con bandos caudillistas que muestran que en nuestros países cualquiera se monta a caballo, toma su espada y juega a ser Morazán, Carrera, Barrios o cualquier fulano cuyo nombre hoy día es sinónimo de desmadres, fuerza bruta y naciones cuya independencia les sirvió poco menos que para hacer un himno nacional y una banderilla por ahí, cuyo significado y simbolismo fueron siempre incongruentes con su realidad. Tal parece pues, que seguimos en las mismas desde hace 200 años.

3 jul 2009

El resumen de una semana yuca


Michael Jackson, Farrah Fawcett, el golpe de estado a Zelaya… eventos que vi cada uno en su momento y cada uno con una congoja especial.
De Michel Jackson tengo que decir que con él ha muerto un ícono de la posmodernidad, época que muchos dicen ya está concluida.
Intentar el Moonwalk fue algo así como intentar bailar Break de cabeza—que según me dijo un cambista en el Bar del Centro, hoy es considerado pecado—. Beat it o Billie Jean —canciones que invitan a mover la cadera con un pie apoyado y el otro en punta— fueron himnos de nuestra generación. Hoy todo quedó atrás. Nuestra juventud, nuestro tiempo, y la posmodernidad. Sólo nos queda Madonna para testimoniar lo que fuimos y lo que somos ahora.
Otros eran los tiempos cuando nada había que hacer ante el SIDA y se creía que se transmitía única y exclusivamente por contactos homosexuales, cuando Rambo nos hipnotizaba en el cine con escenas igualitas a las que ocurrían en El Salvador (sólo que estas últimas no nos impactaban), cuando Mecano, Soda o Los enanitos verdes era la única música en español que tocaba La Femenina (102.5 FM) y cuando Clody del Cid nos entretenía las tardes con videos (también quisiera saber cómo me acuerdo del nombre...).
De Farrah Fawcett debo decir que es a la única a la cual recuerdo como una verdadera Ángel de Charlie. Quizás porque no la volví a ver en otro programa y eso hizo que la idealizara con su cabellera frondosa, cortada en capas y un rubio cenizo que a nadie he vuelto a ver. Recordarla, poco, pero asumirla como un ícono de Occidente, sin duda.
Y sobre Zelaya tengo muchos más argumentos racionales que sentimentales que esbozar, tanto a su favor como en su contra: ¿que sí está loco y abuso de su poder? Creo que sí. ¿Qué si fue lícito la forma en que lo depusieron? Creo que no. ¿Qué si debería ser restituido de inmediato? Creo que la respuesta no es tan simple. Sí, por las leyes y por que la democracia exige que un dirigente electo de forma legítima no pueda ser depuesto más que por ese mismo pueblo que lo eligió, bajo un mecanismo semejante de elecciones libres, etc., etc. No porque es evidente que un sector de la población está harta de sus excentricidades. Tal vez porque de todas formas ya le faltan menos de cinco meses para dejar el cargo. En fin, nunca ha respuestas definitivas, y en este caso, menos.
Yo por mi parte, decidí darme unas vacaciones de mi vida y del mundo, autoexiliándome a Panajachel para compartir con unos amigos que viven aquí en el full-relax. Debo decir que en este lugar la vida es transparente y sin smog… y no lo digo sólo en sentido literal. Aquí se piensa mejor, el café sabe más rico, el cielo enfría mejor la cabeza. Y el lago… el lago pues parece tragarse todo el stress y devolverle a uno brisa liviana y la sensación de que siempre es posible re-oxigenarse.
Creo que estos días he tomado más café que nunca, pero también he leído mucho. Me la he pasado de cafecito en cafecito, de libro en libro, de plática en plática, de chambre en chambre (pueblo chico…) y de nubarrones de lluvia a un sol espectacular.
Michel Jackson y Farrah Fawcett, rest in peace. Manuel Zelaya siga viendo qué hace porque todavía le faltan algunas luchas en su vida. Y yo, yo sigo en Pana espectacular.
Pd: Si ya restituyeron a Manuel Zelaya, ahí me avisan por fa, que en este exhilio citadino no me entero pero ni de las noticias de Guate...