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19 ene 2010

El perdón de una guerra


La petición de perdón hecha por el presidente Mauricio Funes, a nombre del Estado de El Salvador, levantó –como era de esperarse– las ronchas respectivas.
Algunos personajes de la derecha fueron desde lo más ilógico –como preguntar por qué no pidió perdón por la guerrilla, cuando Funes no puede hacerlo, ya que ni fue comandante guerrillero ni representa a la extinta guerrilla–, hasta restar importancia a dicha petición, argumentando que los que cometieron los crímenes no fueron el Estado ni el gobierno, sino los cuerpos de seguridad y las Fuerzas Armadas.
El argumento de que la guerrilla llevó a cabo tantos crímenes como los anteriormente mencionados, es una tesis que ya no tiene validez, sobre todo después de que el informe de la Comisión de la Verdad (1992-1993) afirmara que el 95% de las denuncias por crímenes cometidos durante la guerra fueron en contra de las instituciones de gobierno y los entes de seguridad, y tan sólo el 5% de éstas fueron interpuestas por actos cometidos por la guerrilla.
Afirmar, como dijo Calderón Sol –expresidente de la derecha arenera– que la petición de perdón “es un error, porque no era el Estado el que cometía la tragedia, ni el que hizo la tragedia, el que hizo la tragedia fueron los actores, la guerrilla sangrienta que golpeó al país”, es un insulto para todos los salvadoreños que, durante más de doce años fuimos sometidos a un aparato de propaganda que no permitía ver las cosas con claridad y cuya finalidad principal era hacernos creer que muchos de los crímenes eran responsabilidad de la guerrilla. Traigo a colación como ejemplo, la muerte de los Jesuitas de la UCA.
Cristiani, sin embargo, quien nunca deja de maravillarme con sus reacciones y que a veces se muestra como hombre mesurado (otras no), afirmó que había sido acertada la actitud de Funes y que él también había pedido perdón en su momento por los abusos y crímenes cometidos por el Estado, nada más que ya nadie se acordaba. Y aquí sí que tendré que revisar la historia, porque sinceramente yo no me acuerdo tampoco.
Creo que la actitud de Funes es la que tarde o temprano debía tomar el presidente de un país que tanto ha sufrido por una guerra, en la cual el Estado puso una cuota inmensa de represión, violencia y sangre.
Funes no está actuando como un héroe, ni como un mandatario excepcional, sino como es la usanza en casos de guerra civil. Si ha causado polémica en El Salvador, es simplemente porque jamás habíamos tenido la oportunidad de ver algo semejante en nuestro país. El perdón solicitado por Funes no sólo busca reivindicar a las víctimas que ya nadie recuerda, sino que también es una promesa, a nombre del Estado, de que la historia no volverá a repetirse.
Sánchez Cerén, por su parte, también ha pedido perdón a nombre de la guerrilla. “A todo el pueblo salvadoreño afectado por nuestras acciones militares, el FMLN les pide perdón”, dijo. Y la medida también me parece atinada, porque tampoco podemos obviar que el FMLN puso, a su vez, su cuota de locura en esta guerra, causando daño a civiles que nada tenían que ver con la guerra.
Creo yo pues, que la hora de dejar de justificarnos y de descalificar ha llegado. Creo también que la posguerra va dejando atrás la incapacidad para converger en un pacto nacional en el que todos encontremos un lugar para ser y para encontrar la forma de recomenzar la historia patria. Pero una herida no puede sanar si no existe la intención verdadera de no volverla a abrir. Y aunque el perdón no implica borrón y cuenta nueva, sí conlleva el reconocimiento del dolor del otro y el deseo de que éste no se repita.
Al leer el discurso de Funes pensaba, que de verdad nunca creí que llegaría a escuchar de la boca de un presidente salvadoreño el perdón que todos necesitábamos. Unos por haber participado, otros por haber sido víctimas, y otros –los más– por haber permanecido indiferentes ante tanto sufrimiento ajeno.

3 ene 2010

Herta Müller y el inicio de otro año

Y comenzó el año. Muy nublado eso sí. No pude entonces dejar de pensar en el desbarajuste climático en que estamos viviendo. Desde hacía mucho oíamos hablar de que el planeta se iba a acabar, de que había que cuidar a la “madre tierra”, etc. Pero creo que jamás pensamos que sería cierto ni que sería tan pronto. Pero es que el descuido en que hemos caído ha sido garrafal. Creímos que íbamos a poder utilizar bolsas, envases y demás objetos contaminantes, sin que esto resultara en un daño. O peor aún, creímos que el daño “no se notaría”. Y se notó. Ahí tenemos el Lago de Atitlán que es un horrendo grito del ecosistema. Y es que ahora que iba de Panamá a Guadalajara, vi por la ventana un lago que según mis cálculos debía ser Atitlán. Lo que me llamó la atención es que el lago que veía tenía una isla al centro, y hasta donde yo recordaba Ati carecía de una. Luego observé mejor y me di cuenta de que la isla no era tal, sino la famosa cianobacteria que se acumuló al centro del lago y da la idea de tierra seca.
Por otro lado, me acabo de desayunar todos los periódicos atrasados y los del día. Veo que el mundo sigue igual, que los muertos se siguen muriendo (o los siguen matando), que la pobreza y la desigualdad no cambió en nada con el año nuevo y que aún nos seguimos jactando del avance y el progreso de nuestros países respectivos, cuando tal desarrollo no es más que cosmético y alcanza tan sólo a las principales ciudades y a algunas personas.
De taco de ojo –eso sí– me regalé el libro “Un rincón mágico” (1994) del Banco Agrícola, en el cual se mostraron en su momento las mejores fotografías aéreas que los salvadoreños hayamos visto de nuestro país. Un país que hasta 1992 estuvo en guerra, y que por lo mismo, no pudimos visitar con facilidad. Yo recuerdo la primera vez que vi estas fotos. Simplemente no lo podía creer. Para mí era impresionante que El Salvador tuviera esas costas, esas bocanas, ríos, lagos, bósques, etc. y que yo no las hubiera (haya hasta la fecha) visto. Por eso me lo compré en esta Navidad, porque son las fotos de El Salvador que yo conocí: sin tanto centro comercial, sin tantas calles nuevas, sin tantos pasos a desnivel ni edificios. Una ciudad más bien ochentera, pero que fue la que se quedó guardada en mi imaginario capitalino.
De recomendación de año nuevo: léanse el discurso de aceptación del Nobel de Herta Müller. La mujer que, no sólo tiene ideas brillantes, proyecta unas imágenes que casi parecen película. Ya me hice de dos ejemplares de su obra: compré uno y Hilma me regaló el otro, así que, en cuanto los haya leído, se los comentaré. Por ahorita, me quedo con sus memorias sobre la libertad.

20 nov 2009

Tres novelas centroamericanas, por vez primera en la Fil de Guadalajara

Los libros centroamericanos, representados por F&G Editores, por 13avo. año consecutivo, se van a la Fil de Guadalajara.

Espirales de Javier Mosquera, ni Chicha ni limonada de David Unger y Los locos mueren de viejos, que ya es de ustedes conocida.

9 nov 2009

URGENTE: El Salvador necesita ayuda

Ida dejó al menos 130 muertos en el último fin de semana, numerosos desaparecidos en derrumbes, aludes y desbordamiento de ríos, y más de 10,000 personas damnificadas y otras 3,000 evacuadas de sus viviendas.
Los daños aún no se han calculado, pero se teme que sean tan graves como los dejados atrás por el huracán Mitch o los terremotos del 2001.
Los departamentos de San Salvador, La Libertad y San Vicente han sido los más afectados.
Lo terrible del asunto es que aún se espera más lluvia.
Se están formando redes de ayuda para la gente que resultó damnificada. Toda ayuda es bienvenida. Para mayor información de qué enviar, les copio este link con respecto a las necesidades señaladas por el gobierno.
En Facebook existe además un grupo llamado “Grupo de ayuda a damnificados del huracán Ida”, el cual señala que toda ayuda puede ser enviada a la 1a Calle Poniente y 63 Av. Norte, Edificio A&M Local B-7, Colonia Escalón.
Para los residentes en Guate favor comunicarse a mi correo electrónico: nunezhandal@gmail.com, a fin de ver la forma de enviar la ayuda.
Se agradece de antemano lo que por nuestros compatriotas pueda hacerse para mitigar su angustia.
Saludos.
Pd.: Otros centros de acopio son: Fusal, Ministerio de Gobernación, Universidad Centro Americana UCA, Universidad Matías Delgado, ACAP, todas las Casas de la Cultura, Alcaldías Municipales, TCS, Radio Corporación FM, Frente al CIFCO, Comité de Proyección Social, Instituciones Gubernamentales.
Y si se desea comprar víveres o donar dinero através de una fundación, he aquí los datos:
Glasswing International, 87 Avenida Norte, #720-D, Colonia Escalón, Tel.: 503-2252-1401 / 1414, Base Line EEUU 203-659-0367.
Y para los residentes en EEUU: Glasswing International, USA, 25 Orchard Street, Amherst, MA, 01002413-992-6558

20 oct 2009

Y la que es de San Salvador, vuelve...


¿Qué apunta uno cuando prueba un lapicero, compra pluma nueva o tiene que escribir cualquier cosa? Por que uno siempre escribe lo mismo. Pues “eso”, eso que uno escribe, puede ser en verdad revelador.
En mi caso, yo escribo siempre “San Salvador”. Lo hago desde que tengo diez años, quizá menos. El caso es que, por alguna razón, siempre me ha parecido que son las dos palabras que mejor representan mi escritura, es decir, mis trazos.
Puedo representar “San Salvador” en mi mente: con mi letra de molde, de carta, con letra redonda y puntiaguda, con letra de prisa y letra bien dibujada, pero nunca, hasta ahora, lo había pensado con detenimiento.
San Salvador —y hasta ahora lo noto— ha sido una ciudad que me ha marcado, y es obvio. Es la ciudad en la que nací y viví los primeros 28 años de mi vida, y a la que vuelvo siempre que deseo encontrarme (ergo: a veces no deseo hacerlo).
Hoy la vi bonita. Con un clima delicioso y con unas lluvias como hacía mucho no disfrutaba: con sapos y culebras. Las mañanas eran soleadas y las tardes nubladas. Vi pasar pericos gordos y verdecitos, gritando como descosidos sobre el jardín de la casa de mis papás. Vi además un atardecer en la Playa de la Libertad, que aunque no es San Salvador, está cerquita de ahí: a 35 minutos, con construcción de carretera nueva y todo.
Visité el Marte (Museo de arte moderno), en cuya boutique siempre encuentro libros preciosos, y cuya colección permanente revisito de cuando en cuando.
Me comí un ceviche providencial, con aceite de oliva y aceitunas en La "Hola Beto´s". Me tomé una Golden Light en La Ventana con “boquita” de salchicha alemana, que son mi delirio.
Comí pupusas de queso con loroco y curtido con chile, que qué les puedo decir.
Compré además jícamas tiernitas y jugosas, mangos verdes, nísperos, jocotes de corona, limas dulces y zapotes (sólo el mango twist con alguashte de la Cooperativa, me hizo falta.)
Tomé café cargado, con tortugas recién salidas del horno de la panadería Leche Pan, que está a la vuelta de la casa de mis papás.
Me saboreé deliciosísimas paletas de sombrilla, de zapote, de ensalada, de arrayán y de leche, que le compré a una señora en la esquina de la casa.
Me atorzoné de pizza hawaiana con cebolla morada y tocino de la Pizza Hut, misma que aquí en Guatemala, no sé porqué, no la preparan.
En fin, que como podrán ver, fue un fantástico viaje de comer como nunca y revisar una ciudad vigilada por un volcán que se derrite sobre ella, un cerro que la observa con su funicular paralizado y una playa que, por demás está decirlo, se ha embellecido como nunca creí que fuera posible.
Así es que es oficial: Mi San Salvador y yo hemos reiniciado el romance, aunque sea de lejos.

25 sept 2009

Romero: La película


Monseñor Romero se siente tan lejano y tan cercano, a la vez. Lejano, tomando en cuenta que su muerte ocurrió hace ya casi tres décadas. Cercano porque siempre ha estado ahí. Ha formado parte del “imaginario colectivo” salvadoreño.
Por diversas razones, entre otras una necesidad de recuperación de “mi” memoria histórica, estoy buscando formas de acercamiento a él. No como el político (que sí lo fue de algún modo), ni como el arzobispo, ni como el “santo” que tantos proponen, sino como el hombre angustiado que debió tener una terrible crisis de fe y de vida. Un hombre atrapado entre las clases a las que tradicionalmente había servido la Iglesia católica, de la cual él era la cabeza, y su “deber ser”.
Entre búsqueda y búsqueda me encontré en Youtube con la película “Romero”, que John Duigan dirigiera en 1989, y para cuyo papel protagónico eligieron a Raúl Julia, un autor puertorriqueño que durante su vida recibió muy buenas críticas por su actuación en películas como “Havana”, “The Addams Family” o “Tequila Sunrise”. (Pueden ver la película completa aquí.)
Evidentemente lo mejor de toda la obra (aparte de la buena actuación de Julia) es el guión, en el que John Secret Young (productor y guionista) puso mucho empeño en reflejar la realidad y las causas que explican las posturas tomadas por Monseñor Romero.
Creo que no se trata de una película sesgada, sino más bien realista y bien informada.
Contiene imágenes fuertes, para otros, pero que para nosotros, los que vivimos la guerra, fueron la cotidianeidad durante más de doce años que duró la crisis.
Pienso que es una película que debería haber sido mucho más comentada en nuestro país. Aunque comprendo que, dado que El Salvador aún vive en la indefinición histórica y en una especie de negación y explicación fácil del pasado, esta obra aún pueda levantar resquemores y furia en alguno de los sectores que en ella se ven reflejados.
Vale la pena verla, sin lugar a dudas, e intentar encontrar en Oscar Arnulfo Romero no ya el santo, el mártir, el cura “polítizado”, sino al hombre que en un momento dado decidió que había necesidad de un cambio en nuestro país y, con la valentía que, ahora sí, sólo la fe en algo puede dar, decidió convertirse en un “ajusticiado” más, con la diferencia que su muerte sí puede ser considerada como uno de los pilares más importantes de los pequeños cambios que El Salvador ha experimentado durante las últimas tres décadas.

18 sept 2009

Los 1os 100 días de Funes y contando

Los famosos 100 días de Funes transcurrieron como si nada. Esperados por todos (por sus seguidores para ver qué tantos cambios haría, y por sus detractores porque sabían que en 100 días no es posible hacer mayor cosa), fueron la comidilla de los medios.
Me contaron que, para poderlo contar entre sus obras, el Presidente colocó la primera piedra del futuro hospital de maternidad, cuyos trabajos no comienzan ni por cerca, porque ni planos hay del edificio.
Dicen también que el mismo Funes, al ser cuestionado por sus avances en estos primeros 100 días dijo que no se explicaba quién diablos se había inventado lo de los 100 días famosos, que era lógico pensar que en tan poco tiempo nada se hubiera concretado aún.
Dicen también que los periódicos salvadoreños le respondieron sacando notas sobre la historia de los famososo “100 días”, que según dicen fueron invento de Roosevelt.
Lo cierto es que 100 días son muy pocos si los comparamos con los 20 años que Arena estuvo en el gobierno.
Temas como la seguridad no se resuelven tan fácilmente, sobre todo, si se tiene conciencia de que sus raíces son profundas —¡profundísimas!—, y que las medidas a tomar han de llevar la misma cantidad de tiempo, si es que no más, para comenzar a hacer sus efectos.
Mientras tanto, a Arena y a Alfredo Cristiani —que luego de la derrota reapareció con nuevos brillos y con una rabia que antes no se le había visto— le ha resultado muy fácil levantar una crítica (no oposición) constante, que más que bien le hace mal a nuestro ya jodido El Salvador.
100 días es muy poco además para saber cómo habrá de ser el gobierno de Funes. Eso sólo lo podremos juzgar cuando en el 2014 entregue la presidencia a otro u otra, ojalá elegido/a democráticamente, y nos podamos plantear de forma objetiva sus méritos y sus fracasos.
Algunos creen que, luego del mandato de Funes, Arena vuelve al poder. Que porque la gente ya está arrepentida de haber votado por estos que son peores que los anteriores.
Sin embargo, aunque así fuera, no importa. El intento se hizo. Se está haciendo. Los salvadoreños querían (y tenían además todo el derecho) de ver cómo era la vida sin papás dominantes/sabelotodos que les dijeran lo que debían y no debían decir y hacer. Que si fue un error que los salvadoreños eligieran a Funes, pues se sabrá más adelante.
Hoy por hoy, El Salvador está viviendo por vez primera su adultez, la que conlleva responsabilidades y afrontar consecuencias por los actos.
El salvadoreño ya no quería que le dijeran que hacer, y que todavía le restregaran en la cara que si las cosas no salían según lo esperado, era porque no había puesto de su parte (la libre competencia, claro, donde nada es responsabilidad del Estado (menos del gobierno) y todo es culpa del ciudadano de a pié).
En fin que 100 días no son en lo más mínimo representativos de los 20 años de gobierno arenero. Ni tampoco alcanzan para deshacer el entuerto de una empresa que durante todo ese tiempo estuvo diseñada para parecer que funcionaba y para disimular, acompañada de un aparataje periodístico y de partido, cuando alguna pieza se quebraba o algún fusible se fundía.
Démosle pues a Funes los otros cuatro años con 265 días que le faltan, y entonces, al menos, habremos abarcado la cuarta parte de la posguerra. Una posguerra marcada por la intransigencia, la polarización y sobre todo, la incapacidad de un partido de reconocer que toda situación perjudicial para el país, fue creada por ellos y que seguirá siendo su responsabilidad —al menos en parte— hasta por lo menos de aquí a veinte o treinta años. En cuanto a Funes, pues ya veremos qué pasa. Hoy día, aún es digno de gozar del beneficio de la duda... hasta que no se pruebe lo contrario, claro está.

6 sept 2009

Sobre mis días en Mario´s, la PDDH y mi primer libro clandestino


Era el año de 1997. Había probado suerte en un par de bufetes y había resultado ser un fiasco. Mi vida de estudiante de derecho sencillamente no iba bien con la escasez de tiempo y las clases en la Universidad José Simeón Cañas, que comenzaban a las 7 am. —la 1ª— y terminaban a las 9 pm. —la última— con intermedio de trabajo de 8 a 4.30 pm., y con continuidad de repaso de cuadernos, textos y apuntes (mismo que podía prolongarse hasta las 2 o 3 de la madrugada) después. Pero eran otros tiempos, claro. Yo tenía veintitrés años y mi cuerpo reaccionaba aún para asistir a fiestas o a Mario´s los viernes por la noche.
Fue entonces, por esos días de locura, en que el entonces Secretario General de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (recién inaugurada en El Salvador, tras los acuerdos de Paz) me invitó a laborar en dicha institución. Yo sacaba buenas notas en su clase, así que fue cosa de pasar papeleos e ingresar.
Si la UCA había sido para mí todo un cambio de estándares (en todo sentido), la PDDH fue todo un cambio de mundo y cosmovisión. Fue ahí donde me ofrecieron la lectura de un “libro clandestino”, que debía leer sin hacer mayor comentario y devolver en menos de ocho días. Lo miré, sopesé y vi que no era extenso, así que tal cual, prometí cumplir con todos los requisitos.
El libro era “El asco”, de Horacio Castellanos Moya, un autor para mí desconocido por aquel entonces, y del que luego me haría gran aficionada. En dicha obra descubrí verdades asquerosas, cosas que se murmuraban en un país que recién suturaba sus heridas de guerra y apenas se animaba a alzar la voz para llamar las cosas por su nombre.
Lamentablemente, en parte por la promesa y en parte por la falta de alero, jamás pude comentarlo con nadie. Lo leí de un tirón, me sorprendí ante cosas que eran evidentes y dudé de otras que yo, francamente, desconocía y que con mucho temor incluí en mi bagaje de “cosas que hay que saber sobre tu país”.
Luego vendrían otras obras. Baile con serpientes —del que desde su lectura tengo pendiente una reseña— es aún mi favorito. Y hasta la fecha, no dejo de sorprenderme con la velocidad, la ironía, la lucidez y el realismo de este autor, de quien hoy vengo a recomendarles la lectura de una entrevista que la argentina Lilian Fernández Hall le hiciera en Estocolmo. Pueden leer la versión publicada en el periódico La Hora de Guatemala.
Yo, para mientras, tomaré por cuarta vez “El asco”, para reírme un poco y para dolerme otro tanto de mi país, al que quiero y no quiero, por pura antipatriótica que soy.
Aclaración necesaria: Sacando cuentas, sumida hoy en el tráfico horrendo de la ciudad de Guatemala, me di cuenta que cuando yo trabajé en la PDDH (1994-1997, aprox.) la Procuradora era la Dra. Victoria Marina Velásquez de Avilés, hoy Magistrada de la CSJ, si no estoy mal informada. Es decir, que no era la 1ª administración de dicha institución, que se creó con los Acuerdos de Paz, sino la 2ª.

23 ago 2009

Del "Minimum vital" a la violencia absoluta: Alberto Masferrer "reloaded"



Cuando Alberto Masferrer (Usulután, 1868-1932) escribió “El mínimum vital” (1929), El Salvador atravesaba por una crisis derivada de la gran depresión económica que resquebrajaba la economía estadounidense y que había hecho caer los precios del café (principal producto de exportación de El Salvador).
Derivado de ello, miles de campesinos se vieron obligados a ganar salarios de hambre, en el mejor de los casos. El resto, sucumbía al hambre, la pobreza y las enfermedades.
Para Masferrer había llegado la hora de que el hombre hiciera una nueva alianza, una nueva forma de hermandad. Ya no era posible aceptar “dolorosas e irrazonables exageraciones” como doctrinas salvadoreñas. El odio de clases, el afán de atesorar y oprimir en unos y el de vengarse en otros, advierte, “se ha cristalizado en dos formas agudas: una tiende a la destrucción de las clases cultas, al nivelamiento económico, al rebajamiento de un comunismo absoluto; y otra, excrecencia de la codicia, insania o perversión de algunos millares de vampiros, para quienes la dignidad, la libertad, la independencia, la sangre misma de las naciones son materia prima para fabricación de dólares”.
Y sí. Ya sé que esta fórmula nos suena por demás conocida y actual. Pero Masferrer iba más allá. Todo ello, aseguraba, estaba conduciendo al país hacia el odio de clases, el rencor, la organización de los que ya por aquel entonces estaban preparando el día del desquite.
Y el desquite llegó. No una vez, sino varias a lo largo del siglo pasado. Llegó en enero de 1932, cuando cientos de indígenas se tomaron Sonsonate y mataron a machetazos al Alcalde y otros "notables", y saquearon almacenes. (Demás decir la forma brutal en que fueron reprimidos en consecuencia.)
Y llegó de nuevo a mediados de los setentas, y a finales de la misma década, y en enero de 1980, y a mediados de los 80´s, y en noviembre de 1989, cuando la capital fue atacada desde diversos puntos por grupos armados que durante más de una semana tuvieron a la ciudad en zozobra, paralizada y evidenciaron que la lucha iniciada en 1932 no estaba olvidada, y que la guerra de los setentas y ochentas no estaba perdida, y que no se encontraban en desventaja frente al ejército.
“Y cuando llegue (agrega Masferrer) —que será cuando los de arriba hayan agotado los medios de opresión y de represión—, tendremos el mismo desorden, la misma construcción malvada y estúpida, en que sirve de cimiento el esclavo y de coronamiento el señor”. Y también llegó este agotamiento de medios, y los de arriba se vieron obligados —con todo y el ejército que habían construido, fortalecido y especializado— a sentarse en una mesa de negociaciones y escuchar las demandas y prometer el cumplimiento de ciertas básicas que garantizarían el “mínimum vital” de un pueblo sufrido y resurgido de lo más hondo del caos.
Pero no las cumplieron. Ni un bando, ni el otro. Los “darwinismos comprendidos idotezcamente con su doctrina de la lucha, de la supervivencia del más apto, que viene a ser, según el criterio del egoísmo, el más ávido y descorazonado”, volvió a hacerse presente. Y el “mínimum vital” (tabla de salvación en el naufragio de la codicia extrema, según Masferrer), que si bien no es un estado ideal, al menos según el autor, era lo factible, lo sencillo, quedó en el olvido.
“El nuevo camino real, la vía ancha y clara del amor, a dónde los hombres, un día volverán”, quedó otra vez perdido en algún recoveco de nuestro andar, condenándonos así a caminar en círculos por quién sabe cuántos siglos más.
Conmovedora es pues esta obra de este pensador salvadoreño que remeció en su momento a las clases pudientes, que se vio exilado de su patria, no por plantear cosas extremas, sino más bien moderadas, pero que, sin embargo, resultaban demasiado riesgosas para algunos e insuficientes para otros.
Un tanto ingenuo, sí, porque partir del hecho de afirmar el amor como base de la conducta humana, es ir contra la historia y contra todo lo que nuestros países tienen que contar. Interesante, sin embargo, porque antes de que nuestro pequeño país convulsionara en violencia y sangre, él lograba ver un futuro lleno de odio y separación en una nación que, hoy por hoy, es el segundo país más polarizado de Latinoamérica después de Chile.

8 jul 2009

Joaquín Villalobos: otro personaje en el tintero

Joaquín Villalobos, un hombre joven al inicio de la guerra, es otro de esos personajes con los que uno se encuentra a lo largo de la historia salvadoreña y que lo marcan para siempre, y sobre los cuales uno se jura volver para convertirlo en un personaje de alguna novela.
Máximo dirigente del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) durante los 80´s, intelectual durante la paz, participe de acciones que a cualquiera pararían el pelo, vive hoy en Inglaterra y trabajaba para la Universidad de Oxford, según tengo entendido.
Él pues, ha escrito uno de los mejores artículos que he leído sobre lo que la crisis en Honduras representa para nosotros: "De nuevo las repúblicas bananeras". Pueden leer aquí la versión de El País (España).
En esta foto, que supongo fue tomada durante una de las rondas de negociación de los acuerdos de Paz a inicios de los 90´s, aparece la comandancia general del FMLN (Frente Militar para la Liberación Nacional Farabundo Martí), que fuera la guerrilla salvadoreña, ya sin sus trajes de camuflaje y fusiles, siendo estos: Eduardo Sancho, Joaquín Villalobos, Francisco Jovel, Salvador Sánchez Cerén (actual vicepresidente de El Salvador) y Schafik Handal (tío de mi marido, ya fallecido y uno de los líderes de izquierda más importantes de El Salvador).
Prometo (me prometo) hacer próximamente un buen post sobre Villalobos, sin duda, un personaje interesante y poco comprendido en El Salvador.

3 jul 2009

El resumen de una semana yuca


Michael Jackson, Farrah Fawcett, el golpe de estado a Zelaya… eventos que vi cada uno en su momento y cada uno con una congoja especial.
De Michel Jackson tengo que decir que con él ha muerto un ícono de la posmodernidad, época que muchos dicen ya está concluida.
Intentar el Moonwalk fue algo así como intentar bailar Break de cabeza—que según me dijo un cambista en el Bar del Centro, hoy es considerado pecado—. Beat it o Billie Jean —canciones que invitan a mover la cadera con un pie apoyado y el otro en punta— fueron himnos de nuestra generación. Hoy todo quedó atrás. Nuestra juventud, nuestro tiempo, y la posmodernidad. Sólo nos queda Madonna para testimoniar lo que fuimos y lo que somos ahora.
Otros eran los tiempos cuando nada había que hacer ante el SIDA y se creía que se transmitía única y exclusivamente por contactos homosexuales, cuando Rambo nos hipnotizaba en el cine con escenas igualitas a las que ocurrían en El Salvador (sólo que estas últimas no nos impactaban), cuando Mecano, Soda o Los enanitos verdes era la única música en español que tocaba La Femenina (102.5 FM) y cuando Clody del Cid nos entretenía las tardes con videos (también quisiera saber cómo me acuerdo del nombre...).
De Farrah Fawcett debo decir que es a la única a la cual recuerdo como una verdadera Ángel de Charlie. Quizás porque no la volví a ver en otro programa y eso hizo que la idealizara con su cabellera frondosa, cortada en capas y un rubio cenizo que a nadie he vuelto a ver. Recordarla, poco, pero asumirla como un ícono de Occidente, sin duda.
Y sobre Zelaya tengo muchos más argumentos racionales que sentimentales que esbozar, tanto a su favor como en su contra: ¿que sí está loco y abuso de su poder? Creo que sí. ¿Qué si fue lícito la forma en que lo depusieron? Creo que no. ¿Qué si debería ser restituido de inmediato? Creo que la respuesta no es tan simple. Sí, por las leyes y por que la democracia exige que un dirigente electo de forma legítima no pueda ser depuesto más que por ese mismo pueblo que lo eligió, bajo un mecanismo semejante de elecciones libres, etc., etc. No porque es evidente que un sector de la población está harta de sus excentricidades. Tal vez porque de todas formas ya le faltan menos de cinco meses para dejar el cargo. En fin, nunca ha respuestas definitivas, y en este caso, menos.
Yo por mi parte, decidí darme unas vacaciones de mi vida y del mundo, autoexiliándome a Panajachel para compartir con unos amigos que viven aquí en el full-relax. Debo decir que en este lugar la vida es transparente y sin smog… y no lo digo sólo en sentido literal. Aquí se piensa mejor, el café sabe más rico, el cielo enfría mejor la cabeza. Y el lago… el lago pues parece tragarse todo el stress y devolverle a uno brisa liviana y la sensación de que siempre es posible re-oxigenarse.
Creo que estos días he tomado más café que nunca, pero también he leído mucho. Me la he pasado de cafecito en cafecito, de libro en libro, de plática en plática, de chambre en chambre (pueblo chico…) y de nubarrones de lluvia a un sol espectacular.
Michel Jackson y Farrah Fawcett, rest in peace. Manuel Zelaya siga viendo qué hace porque todavía le faltan algunas luchas en su vida. Y yo, yo sigo en Pana espectacular.
Pd: Si ya restituyeron a Manuel Zelaya, ahí me avisan por fa, que en este exhilio citadino no me entero pero ni de las noticias de Guate...

8 jun 2009

Reporte de un país en efervescencia

Y volví a ir a El Salvador. Dos veces en una semana es poco común para mí, pero había que hacer un par de trámites y revisar un par de cosas.
Una semana después de la toma de posesión del Presidente Funes, las opiniones siguen obviamente parecidas, salvo dos o tres cosas nuevas: la derecha ha incrementado los ataques y sus argumentos —hoy por hoy— tienen poco o ningún fundamento, y la izquierda ha comenzado a realizar también sus críticas.
El tema de la “meritocracia” es de los más controvertidos. El asunto pasa por el cuestionamiento que se le hace al Presidente Funes sobre su nuevo gabinete y demás directivos de dependencias nacionales. Que si es el mérito lo que habría de contar para los nombramientos, que porqué ha designado a personas abiertamente reconocidas como sus amigos/padrinos/patrocinadores para diversos cargos.
El tema del Coronel David Munguía Payés es otro que ocupa varias páginas de los periódicos. Y es que así, a grandes rasgos, la controversia se desata en este caso porque dicho militar —hoy Ministro de Defensa— fue reincorporado al ejército luego de estar de baja durante varios años. Y es que García Payés abandonó el servicio militar luego de que el entonces presidente Armando Calderón Sol le denegara injustamente —según dicen— su ascenso a general, razón por la éste se convirtió en un crítico acérrimo de Arena y sus gobiernos. La polémica se da entonces porque, según parece, un sector de los militares lo apoyan, mientras otros no desean darle ni el beneficio de la duda. Obediencia y disciplina, dicen algunos.
La Primera Dama, Vanda Pignato, por su parte, comenzó ya el proceso de petición de cuentas de las secretarías que ahora pasarán a su cargo. Ella, fiel representante del plan de austeridad de Funes, ha sacado a la luz varios gastos innecesarios del gobierno anterior, como una plasma gigiante “para ver videos”, un jacuzzi en la casa de una las secretarías, entre otras cosas. Claro que hay quienes piensan que es puro show y que el tal plan de austeridad es pura pantalla y están más indignados porque Funes no quiso prometer premio a los jugadores de la Selección Nacional que el sábado le ganaron a México 2 a 1, que por las irregularidades descubiertas.
Lo del juego también merece ciertos comentarios. Como por ejemplo la actitud agresiva que adoptaron varios salvadoreños en contra de los mexicanos. Dicen que todo vino a raíz de que un presentador de ESPN insultó a El Salvador llamándolo país insignificante y número 100 de la FIFA. En respuesta, varios asistentes al estadio llevaron pancartas insultando al presentador que luego del partido se daba golpes de pecho, y otros colocaron mascarillas (en alusión a la gripe porcina) incluso a los ya famosos bustos de “los gordos” (próceres independentistas) ubicados en la Autopista Sur de San Salvador. Valga decir que tales bustos no son producto de un escultor negligente, sino que basta ver los grabados que de tales personajes se conservan para darse cuenta que, o eran gordos, o qué mal dibujaban en aquel entonces.
El caso es que a raíz de las agresiones que los jugadores mexicanos recibieran en tierras salvadoreñas (tales como haber hecho imposible escuchar el himno de aquel país del norte, debido a los silbidos que durante el mismo se emitieron en el estadio), ahora los periódicos mexicanos están llenos de insultos y amenazas a muerte contra cualquier salvadoreño que se le ocurra cruzar tierras mexicanas. Pero cuando digo amenazas, me refiero a verdaderas manifestaciones de odio racial. En fin, el que dijo que la violencia engendra violencia, lo dijo por pura experiencia. Pan y circo, no cabe duda.
Pd.: Casi se me olvida el caso Tórrez, un tipo importante dentro de la dirigencia de Arena (partido que gobernó El Salvador durante 20 años consecutivos) a quien hace pocas semanas le descubrieron haber pedido $500 mil a Roberto Silva (ex diputado acusado de lavado de dinero y supuesto autor intelectual del asesinato en Guatemala de tres diputados del Parlacén) para limpiar los cargos judiciales que se le imputaban. Resulta pues que Tórrez se suicidó a menos de 24 horas de que Funes hubiera tomado posesión en el cargo, frente a su casa, en uno de los residenciales principales de la ciudad, de un disparo en el pecho.

2 jun 2009

Sobre los tibios y sobre la esperanza roja

Llegué el viernes, una hora después de lo esperado. Los buses desde Guate, contrario a lo que se cree, son muy lentos y toma aproximadamente 5 horas cruzar el trecho entre ambas capitales. Aunque le dan a uno comida y bebidas, el mareo hace poco agradable el viaje y casi imposible leer durante el mismo.
A mi llegada, casi de inmediato pude darme cuenta que la expectativa con relación a la toma de posesión de Funes era generalizada.
Los que eran de izquierda se encontraban positivos.
Los de derecha, pues negativos y muy críticos a todo. Respecto de la esposa de Funes especialmente —la brasileña Vanda Pignato, abogada, doctora en derecho internacional, amiga personal de Lula da Silva y ex activista del partido comunista brasileño— escuché muchos comentarios. Esto último es explicable debido a las diferencias culturales y, sobre todo, dados los altos niveles de misoginia que aún existen en nuestro país, donde, para ser una mujer aceptada y “bien” hay que ser “modocita”, primorosa, calladita y —sobre todo— no pensante. Y no es por defender a la primera dama, sobre la cual sé muy poco, pero lo visto hasta ahora y en base a su preparación, podría decir que es una mujer que tiene todo para salir avante con la Secretaría de Inclusión Social (antes Secretaría Nacional de la Familia, fundada por Margarita de Cristiani) que le ha sido asignada. Al menos se trata de una mujer preparada, que cuenta con una formación intelectual y una postura política que, aunque pueda o no estarse de acuerdo con la misma, ya la hace una persona de ideas e ideales, ambas cosas indispensables para la toma de decisiones.
Sin embargo, existe un tercer grupo. Grupo nacido del hastío y la desconfianza. Del deseo de darse un chance y ver “qué pasaría sí”. Un grupo, otrora diminuto (tomando en cuenta la alta polarización de la sociedad salvadoreña), hoy ampliado, quizás perteneciente a la clase media: intelectuales (antes de derecha hoy en proceso de redefinición), gente trabajadora, profesionales, personas con cierta educación y muy críticos frente a la realidad. Esos que quizás no votaron por Funes, pero que ahora que está ahí y su toma de posesión era inminente, han decidido darle el beneficio de la duda y esperar.
Y es que este sector entiende que si Funes no cumple sus promesas, todo se iría al carajo. Pero también saben que Funes al menos representa una posibilidad de que las cosas cambien y que Arena representaba en sí misma la imposibilidad de renovación.
Creen, o quieren creer, que Funes no va a darnos la sorpresa de “izquierdizarse” luego de haber ganado una campaña con base en su centralidad. Quieren creer que El Salvador bien podría ser —¿porqué no? — una especie de Brasil sin petróleo, con escasos recursos, sin tierra, sin nada, pero con los deseos de encontrar esa fórmula mágica y hasta antes de Lula no probada, en la cual convive la conciencia social junto al desarrollo económico.
Escuchaba ayer el discurso de Funes (que por largo da ciertos parecidos que por ahora no quiero mencionar) y pensaba que se trata de una posición bastante coherente, bastante meditada y bastante posible. Que si lo van a dejar gobernar, que si el FMLN y Sánchez Cerén asumirán el verdadero mando del Estado, que si fue confrontativo y que si unas cosas son las palabras y otras los hechos, puede ser. Sin embargo, hoy por hoy, al menos, se tiene una esperanza (lo paradójico es que es roja y no verde) que antes no se tenía. Lula fue también producto de una esperanza, y por lo dicho por Funes, pareciera ser que seguirá su fórmula. Esperemos pues que le alcancen las fuerzas, el tiempo, las palabras y las buenas intenciones, porque la labor no es difícil, sino complicadísima a la enésima potencia. Esperemos pues que, como el mismo Funes dijo en su discurso, diez años puedan convertirse en veinte.

5 abr 2009

Cuando la tierra se mueve

La primera vez que experimenté la sensación fue a mis 13 años. Estaba lápiz en mano a punto de comenzar a hacer un examen de música, en el que había que reconocer el sonido de los instrumentos de una orquesta y nombrarlos uno a uno… Así que era todo un cuete. Total que cuando comenzó a temblar, entre mi susto y mi desconcierto, casi di gracias a Dios porque era evidente que no tenía buen oído.
Recuerdo bien cómo las puertas de los armarios colocados en las paredes comenzaron a abrirse. El mueble sobre el cual había colocado un retroproyector se vino abajo y me impidió saltar la mesa sobre la cual, en un primer impulso, me subí para correr. Veía la puerta de salida tan lejana y a mis otros compañeros intentando alcanzarla.
Por fin cuando logramos salir, frente a la sala de música que daba a la cafetería de la escuela, vi a mucha gente corriendo. Todos teníamos miedo, pero más que miedo, no entendíamos nada. En el jardín, sobre la grama, auxiliada por algunos maestros, estaba una alumna con la cabeza ensangrentada debido a un pedazo de pared que la golpeó. Los demás permanecimos atentos ante un nuevo movimiento de tierra. Eran las 11.45 am del 10 de octubre de 1986.
Las consecuencias de dicho terremoto fueron tremendas para el país. Muchos edificios del centro de San Salvador y la zona hospitalaria colapsaron, dejando cientos de muertos y heridos. ¿Quién no recuerda el Rubén Darío destripado e incendiado con decenas de personas atrapadas en su interior, y los topos mexicanos que vinieron con sus perros amaestrados?
El país por otra parte estaba en guerra y el entonces Presidente Napoleón Duarte y el PDC (Partido Demócrata Cristiano) simplemente no tenían un plan para una circunstancia como esta, y cuando la ayuda internacional llegó, sacaron el mejor provecho que pudieron para sí mismos. Por esta razón durante meses se vendieron en los semáforos latas gigantes de aceite de oliva y otros productos importados e imposibles de conseguir.
Recuerdo que pasamos un par de días sin electricidad y las noches intentado obviar las famosas réplicas. Agrupados en la sala de mi casa, mi papá, mi mamá, mi hermana y yo, permanecíamos en silencio apretando todo cuando se oía el zumbido de otro temblor que se aproximaba.
Recuerdo que suspendieron las clases en todos los colegios, así que mi examen de música debió aplazarse por lo menos tres semanas. Tampoco tuvimos que hacer, al menos en ese momento, las demás pruebas de matemáticas, inglés, sociales, etc.
Así que, luego de pasado el susto y con mi inconsciencia preadolescente, siempre pensé que no había sido una mala época después de todo.
Para los terremotos del 2001 (enero y febrero) yo ya trabajaba como abogada en un bufete de San Salvador. Recuerdo que el primero fue un sábado en que nos había tocado llegar a trabajar para terminar ciertos pendientes. Curiosamente, y a pesar de ser ya adulta, no logro recordar ni el día ni la hora, como sí me ocurrió con el del 86.
Recuerdo que en el momento en que comenzó a moverse todo, creí que alguien me estaba haciendo una broma. Pero cuando vi que el movimiento era demasiado fuerte y no se detenía (fue un terremoto larguísimo) sentí miedo, comencé a rezar, me metí bajo mi escritorio cuyas gavetas se cerraban y abrían con fuerza e hice mil promesas que luego no cumplí.
Al salir a la calle vimos como en la parte occidente de la ciudad se alzaba una inmensa columna de lo que en un inicio creímos era humo. Luego descubrimos que se trataba de polvo que se había levantado debido a un inmenso derrumbe que sepultó decenas de casas y a sus habitantes, en una escena que recordaba el deslave que años antes había habido en Montebello, una colonia de clase media baja, donde la gente murió ahogada en una ola de lodo y árboles, causada por un temporal.
Tomó semanas retirar la tierra y los escombros para encontrar los cadáveres. Fueron mínimos los sobrevivientes, y todos en condiciones espantosas.
Francisco Flores, el entonces presidente arenero de El Salvador, visitó la zona. Caminó sobre el puñado de tierra desbordado de una colina (la colonia se llamaba precisamente “Las Colinas”) tomado de la mano de su esposa, como si en un parque se encontrara… no puedo decirles lo irreal que la escena resultó —sobre todo pensando que decenas de cadáveres se apilaban bajo sus pies—, y que sin embargo no fue comentada por ningún medio.
La ayuda que llegó al país a raíz del desastre, levantó la imagen de “Paquito” y eso permitió —entre otras cosas— que ARENA (Alianza Republicana Nacionalista) gobernara un período más, mismo que ahora llega a su fin con Mauricio Funes.
Pues estos y otros pensamientos han estado haciéndose presentes debido al “enjambre” de sismos que ahora estamos experimentando en la ciudad de Guatemala. Según los diarios habían sido 30 entre las 1 pm y las 11 pm del día de ayer. El epicentro es Santa Elena Barillas, a 10 kilómetros de mi casa. El despertar de tres volcanes y una falla parecen ser la causa.
Es raro sentir que lo único que parece siempre estar en su lugar, se mueva… aunque sea por pocos segundos. Da miedo.

25 mar 2009

Justicia ¡ya!

Que una madre pierda un hijo, dicen, es la pena más grande que existe. Que de ella jamás se recupera una, pero se aprende a vivir.
Pero que a una madre le maten a una hija de 7 años de una forma brutal, luego de haber sido violada y su cuerpo sea arrojado al mar… no podría ni imaginar el dolor.
Ahora imagínense que con el tiempo esa madre descubra que el violador y asesino fue el padre de su ex marido (papá de su hija), y que éste no la haya protegido, sino que haya decidido encubrir al abuelo violador… es que una de dos: o uno se enloquece o toma fuerzas de Dios sabe dónde para llevar el caso hasta las últimas consecuencias.
Pues esto último fue lo que decidió hacer Hilda María Jiménez, madre de Katya Miranda, la niña que fue asesinada en la Costa del Sol, y por cuya muerte se siguió un juicio en contra del padre, el abuelo y los demás familiares presentes en la casa de la playa la noche en que la menor fue sacada bajo el efecto de sedantes para ser, en principio entregada a unos secuestradores, que a última hora decidieron no llevársela porque la creyeron muerta; y ante esto, se supone que el abuelo aprovechó para violarla y luego deshacerse de su cuerpo en el mar.
¿Puede haber mayor perversidad de parte de un abuelo? ¿Puede haber mayor falta de amor por parte de un padre que, siendo parte de la policía presidencial, en lugar de aunarse a la lucha por castigar a los culpables del crimen de su hija, decide encubrirlos y eliminar toda evidencia del crimen? Es difícil de pensar.
Un juicio fue llevado hace ya varios años por este caso, y la jueza determinó que no había suficiente evidencia para condenar a los culpables. Parece ser que la fiscalía jugó un papel nefasto e inepto en la forma de plantear la demanda y demás evidencias. Por eso ahora, a tan sólo 10 días que el crimen prescriba, la nueva fiscalía ha decidido reabrirlo (pueden leer la noticia aquí) y han recapturado al abuelo, esta vez bajo el cargo de secuestro y no homicidio, ya que según la ley salvadoreña no se puede juzgar a la misma persona dos veces por el mismo delito. ¿El padre? Está desaparecido, obviamente.
Pero de toda esta horrenda e impresionante historia, me interesa rescatar sobre todo el valor y el coraje de una mujer que ha tenido la entereza para luchar sola para esclarecer y hacer justicia en memoria de su hijita que no tenía por qué haber muerto de semejante forma.
De ella se han dicho 1000 cosas, e incluso la jueza Ana Guzmán Morales tuvo el descaro de regañarla en el juicio por haber dejado a sus hijas solas en la playa con el padre!! A consecuencia de lo cual dicha funcionaria fue sancionada por la Corte Suprema de Jusitica, pero el daño estaba hecho.
Sin embargo, este caso es ideal para señalar el hecho de que frente a situaciones como ésta, y a falta de un mejor chivo expiatorio, las mujeres paramos siendo siempre las culpables de todo. El peso que se impone sobre nuestras espaldas es a veces insostenible, y esta mujer es digna tan sólo de admiración. Y que ¿por qué las dejó en la playa? Pues porque ahí estaba la abuela, el abuelo, los tíos, y su padre, que de no haberse ido con otra mujer esa noche, quizás hubiera podido jugar el papel que le correspondía y que Hilda María Jimenez jugaba siempre y que seguramente habría jugado de haber estado presente.
Mucha suerte y que por fin este caso obtenga la justicia que todos deseamos ver.

16 mar 2009

Así sea...


Hoy voy a hablar de las elecciones en El Salvador, tema que me ha tenido ocupada todos estos meses y sobre todo el día de ayer. Y he querido hacerlo hasta hoy, cuando ya todo está dicho y ya no existe la opción de inclinarse por nadie. No me interesaría hacerlo de otro modo, en realidad.
Puedo decir, sí, que ayer fue un día histórico. No histórico porque haya ganado éste o aquel, sino porque estoy convencida que es ahora cuando se comenzará a escribir la verdadera historia de El Salvador.
Porque la alternancia en el poder no es sólo cambiar de rostro cada 5 años, sino también el cambio de mentalidad, de tendencias, de opciones, de posibilidades. Se trata de un cambio verdadero en que las líneas del anterior gobierno no tengan que ser seguidas a fuerza, aunque sean malas, porque hay un partido que se encarga de imponerlas.
Histórico también porque la gente se dio cuenta de que sí es posible expresar de forma válida su adscripción a otro partido, por mucho que se haya dicho que nos llevará a ser “otra Venezuela”. De eso se trata la democracia: de poder decir hoy día que se simpatiza con la izquierda y mañana cambiar de opinión. ¿Y qué?
Se trata a su vez (y eso sí se echó en falta) de tener opciones de centro, y no verse obligado a votar por la “derecha recalcitrante” o por la “ultra-izquierda”.
Se trata además, de cosas tan sencillas como poder expresar en Facebook, blog, mails, diarios, vía telefónica, televisivamente, sus preferencias partidistas o políticas, y no por ello quedar tachado de “izquierdoso”, “comunistoide”, “fascista”, “vende patria”, etc.
Porque si ustedes han seguido la propaganda, y no me refiero a la hecha por los partidos, sino a la desplegada por particulares en sus medios (Facebook el más), ha sido impresionante el derroche de agresividad, de odio, de polarización y de intolerancia que han mostrado. He visto familiares debatirse públicamente en torno a Dios o rogar al "Altisimo Señor sacramentado" porque no permita que el país caiga en manos de “esos que no creen en ti”. He visto a gente ser insultada por haber manifestado que ya era tiempo del cambio. He leído discusiones sin sentido donde, amigos de años, se declaran indeseables uno con el otro por atreverse uno de ellos a cuestionar el sistema de gobierno. Y he visto también la soberbia con que los perdedores no han querido asumir su derrota.
Da pena... Da pena que tras tantos años de guerra y otros tantos de “paz” no hayamos querido entender la lección. Porque es más cómodo, porque creemos que cerrando los ojos o guardando silencio las cosas no existirán más.
Pues bien, los fantasmas no se marchan hasta que se les ha mirando a los ojos, y tras dos décadas de disimulo, es obvio que el dolor regrese con más fuerza.
He confirmado entonces mi conclusión de que a El Salvador le vendrá bien este tiempo de cambio. Un cambio que debió haber sucedido a mediados de los 90´s. Y le vendrá de maravilla porque las actitudes que he descrito no denotan nada más que inmadurez política, una inmadurez que no ha hecho más que polarizar a la sociedad y hacer imposible el diálogo.
Acabo recién de hablar con alguien por teléfono y me contó que en la Santa Elena los vendedores de automóviles habían guardado sus modelos de exhibición en caso de “violencia”, pero que claro, que como habían sido “esos” los que habían ganado, ¿qué violencia iba a haber? Esta persona, yo creo, no se dio cuenta que ya nuestra muy particular Edad Media terminó.

13 dic 2008

Agradeciendo el apoyo

Gracias a la gente de los medios de comunicación de El Salvador que dieron una importante cobertura al evento que sobre mi novela se llevó a cabo en la Mónica Herrera. Gracias en especial a las periodistas Patricia Cruz de La Prensa Gráfica por la nota que pueden leer aquí, a Gabriela Mendoza de la sección de cultura de El Diario de Hoy por su reportaje que también pueden leer aquí, y a Roberto Valencia y Francisco Campos de la Revista Séptimo Sentido. Un abrazo enorme, gracias por el interés y el tiempo invertido en darme apoyo. Queda con ustedes mi amistad y mi cariño.

Y aquí el fotógrafo de La Prensa Gráfica, José Cardona, tomándome una foto que apareció publicada en esta otra nota.

Conversatorio en la Mónica Herrera- El Salvador




Jorge Galán y Carlos Cañas-Dinarte
El escritor Jorge Galán, la poeta Carmen González Huguet y el historiador Carlos Cañas-Dinarte (a mi derecha en la primera foto) me acompañaron en un fantástico conversatorio que el día miércoles 10 de diciembre se llevó a cabo sobre mi novela en la Escuela de Comunicaciones Mónica Herrera de San Salvador (pueden ver más fotos aquí).
Dicha Universidad, nombrada en honor a la gran comunicadora chilena Mónica Herrera, está dando muchísimo apoyo a la cultura salvadoreña. Su entusiasmo y profesionalismo se evidenció el miércoles mediante la organización de un evento impecable.
Yo no tengo más que agradecer el apoyo del personal que a nombre de dicha institución colaboró en la organización, y en especial de uno de sus fundadores, Hermann W. Bruch, por haberle metido tanto entusiasmo al desarrollo y coordinación del evento, que fue preparado durante varias semanas, durante las cuales nos intercambiamos infinidad de mails para acordar diversos aspectos.
También quiero manifestar mi admiración y aprecio por los tres participantes en el conversatorio, que fueron de lujo, ya que no sólo habían leído con ahínco la novela, sino que además, trajeron a colación varios aspectos de la misma que para mí, como autora, estaban escondidos y resultan interesantísimos.

Roberto Laínez y Salvador Canjura


Y no podía faltar mi editor, con quien llevamos compartidos ya varios momentos memorables en Guatemala, México y El Salvador. Gracias Raúl por tu disposición, buen ánimo y perfeccionismo para hacer las cosas. Sabés que se te quiere y admira mucho.


Y por supuesto que no podía faltar mis cheros y cheras. La mara de años, la de siempre. Esos amigos de los que uno siempre vive pendiente y que viven pendientes de uno. A muchos los conozco desde los 4 años, a otros de no menos de 15 años. Realmente ustedes fueron lo más importante ese día y creanme que su cariño se dejó sentír con todo... con todo y los Bukis, claro está. Gerardo y yo les estamos muy agradecidos por su apoyo y los queremos mucho (incluso a aquellos cuyas fotos no pude poner por falta de espacio, sorry! Pero gracias por estar ahí!)


8 dic 2008

Y ahora el turno de El Salvador


Para todos mis cheros y cheras (es decir: la mara), quedan cordialmente invitados, espero verlos por ahí después de tantos años y pegarnos la chambreada respectiva. Un abrazo,
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15 nov 2008

Cristiani reloaded: 19 años después

Hay cosas que en mi país (El Salvador) suenan a blasfemia, como enjuiciar a un expresidente. Más al “Presidente de la Paz”, Alfredo Cristiani, que durante muchos años fue elevado casi a los altares, al menos en mis círculos.
Recuerdo bien cuando el periodista uruguayo de CNN, Jorge Gestoso, lo entrevistó y “se atrevió” (según muchos) a acusarlo en vivo de varios actos de corrupción. Difícil será olvidar la cara enrojecida de Cristiani y su evidente molestia-vergüenza al no poder esbozar una defensa coherente. Y es que ya desde esos años era prohibido en El Salvador cuestionar al gobierno, como si de cuestionar a Dios o a los padres se tratara.
Y en una entrevista de 1998, Jorge Gestoso con relación a la pregunta “¿Cuál fue el personaje más difícil que le tocó entrevistar?”, contestó: “Tuve una situación muy difícil después del reportaje al ex presidente de El Salvador, Alfredo Cristiani. Cuestioné el tema de las violaciones a los derechos humanos y la reacción fue inesperada. Lanzaron una campaña en mi contra: en la segunda vuelta electoral, invitaron a toda la prensa a no seguir mis pasos. Volví y viví una situación de lo más hostil. El sucesor de Cristiani no me atendió."
El 13 de noviembre, a 19 años del asesinato de los jesuitas el 16 de noviembre de 1989 (hecho sobre el cual conté anteriormente en este post) la prensa ha anunciado que la Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE) y el Centro para la Justicia y la Responsabilidad (CJA) de California presentarán una demanda ante la justicia española (nacionalidad que por nacimiento ostentaban 5 de las víctimas asesinadas) en contra de Cristiani (presidente de El Salvador entre 1989-1994) y 14 militares miembros del alto mando durante la fecha en que los asesinatos fueron cometidos, en el marco de una ofensiva militar lanzada por el FMLN a la ciudad de San Salvador, y que nos tuvo sumidos a los capitalinos en una tensa situación durante varias semanas.
A Cristiani se le acusará de encubrir los crímenes, que son calificados como de lesa humanidad, que a diferencia de los comunes, jamás prescriben y pueden ser perseguidos por tiempo indefinido.
Vamos pues a seguir este proceso que, a lo mejor, arroja luz sobre lo ocurrido verdaderamente aquella madrugada que para mí reviste uno de los recuerdos más angustiosos y que creo que, personalmente, me hizo abrir (a los 16 años) los ojos a una realidad hasta entonces lejana y ajena. Los salvadoreños, sin duda, merecemos comprender y entender nuestra historia, para que así, tal vez, podamos ir dejando de lado la polarización en que algunos –de forma muy conveniente– nos han tenido sumidos durante varios años.
Pd.: Ixquic colocó en su blog Xibalbá la querella a que hago referencia, y que se compone de 160 páginas, misma que pueden ver aquí. También pueden encontrar un interesante análisis de su parte y comentarios atinentes.