María Cortina y Chavela VargasChavela Vargas, a sus 90 años, sigue siendo un ícono mexicano.
Una de las mujeres más importantes de México junto a Frida Kahlo, presentó ayer su libro "Las verdades de Chavela" en la Fil 2009.
Transportada en silla de ruedas, llevando lentes oscuros y con un evidente rostro de cansancio, escuchó a sus amigos hablar de ella, de su vida, de sus amores, de sus desmadres y de sus borracheras.
María Cortina, Ana Gloria Moya, Carlos Monsiváis, Eugenia León y Ana Teresa Ramírez fueron los encargados de comentar ciertos pasajes del libro que, según parece, es una oda a su vida, a su libertad y a su lucha por reivindicar su lesbianismo, vivido en un inicio en secreto, hoy en total publicidad y orgullo.
Una de las mujeres más importantes de México junto a Frida Kahlo, presentó ayer su libro "Las verdades de Chavela" en la Fil 2009.
Transportada en silla de ruedas, llevando lentes oscuros y con un evidente rostro de cansancio, escuchó a sus amigos hablar de ella, de su vida, de sus amores, de sus desmadres y de sus borracheras.
María Cortina, Ana Gloria Moya, Carlos Monsiváis, Eugenia León y Ana Teresa Ramírez fueron los encargados de comentar ciertos pasajes del libro que, según parece, es una oda a su vida, a su libertad y a su lucha por reivindicar su lesbianismo, vivido en un inicio en secreto, hoy en total publicidad y orgullo.
Chavela Vargas, Carlos Monsiváis y Ana Gloria MoyaCortina fue la periodista que durante varios meses sostuvo pláticas con Chavela. Ésta, entre cenas y cafés, le fue contando de a poco su vida, sus recuerdos -los que Ana Gloria Moya calificó de proustianos- sin discriminar y sin dejar de volver a los pequeños detalles.
Ana Gloria hizo un breve recuento del libro. Un análisis de las ideas que en él se busca transmitir y del valor histórico y testimonial que conlleva.
Eugenia León, cantante muy famosa y querida por la gente, contó quién era Chavela: la lesbiana, la transgresora, la vieja loca, dijo. Y Chavela sonrió con esfuerzo. Luego, a solicitud de Carlos Monsiváis, cantó a capela un par de melodías. La mejor cantante de México, diría Chavela luego.
Monsiváis, por su lado, hizo un análisis de las motivaciones sentimentales de las canciones de Chavela. Leyó un ensayo de cinco páginas, pero que al parecer, había sido celebrado momentos antes con un tequilita, ya que le costó muchísimo trabajo leerlo.
Chavela intentó dar un pequeño discurso, que le salió más como un reclamo a la vida por haberla dejado en silla de ruedas y por no permitirle cantar. Antes- dijo- yo podía salir por mi casa a caminar. “¿Cómo le va vecina? ¿Cómo amaneció de la borrachera de ayer?” (y el público rió). Hoy ya no puedo. Hoy todo eso me cuesta. Ya en mi vida no hago nada.
Al final, la gente le aplaudió muchísimo, pero quedó en el ambiente una especie de melancolía por comprobar que Chavela ya está muy agotada, aunque con muchas ganas de vivir.
Un momento emocionante de la presentación fue cuando le anunciaron a la intérprete que le sería regalado el manuscrito original donde Frida Kahlo habla de ella. Un historiador mexicano subió al escenario a entregárselo en un folder verde, el cual fue hojeado por Chavela y luego por Monsiváis.
Se la llevaron igual que entró, en silla de ruedas, haciendo su mejor intento y queriendo volver a ser lo que fue.
“Soy Chavela Vargas, tengo noventa años y estoy viva. Viva de tanto vivir, de tanto amar, de tanto gritar que estoy viva, como la vida, como el color rojo, como los recuerdos rojos que saben a pan”, dice un fragmento de su libro.













Y no podía faltar mi editor, con quien llevamos compartidos ya varios momentos memorables en Guatemala, México y El Salvador. Gracias Raúl por tu disposición, buen ánimo y perfeccionismo para hacer las cosas. Sabés que se te quiere y admira mucho.




Y aquí, con mi queridísima amiga Hilma, mi Gerardón y Julito Serrano (que ya se había agenciado la botella de vino).

Aquí, Estuardo, diagramador, diseñador y fotógrafo de F&G con mi portada preciosa. Fue él quien escarbó en Münch y su obra, proponiendo varios cuadros, hasta dar con el ideal, con esos ojos de angustia y esa postura de desprotección. Y luego, escogió esos colores preciosos, ese negro elegante que combinaba perfecto con los tonos otoño.
Y aquí Amalia -la del pisto, de las cuentas, de las llamadas, de los cobros y la de la sonrisa tan sincera (¿ya vio que sí sale bien en las fotos?!!)-, con Andrea, también asistente y colaboradora de F&G (muy amable y sonriente, ¡ojalá haya quedado bien con los libros!), y Estuardo, otra vez.